demonio de una mente
Poeta asiduo al portal
Una visita inesperada.
Contaba pasivamente las gotas caer,
mi vista era sepultada sobre el umbral,
cuando de pronto se acercó una mujer,
y pósese en mi entrada cual en pedestal,
Sus iris eran dos mundos agónicos,
y estaba esculpida toda su piel,
con sueños tristes y melancólicos,
con dulce aroma, escarcha y con miel.
Bajo la lluvia, se humedecía su labio,
y con ella la añoranza y el afán,
se entremetían entre su cabello sabio,
y entre sus manos de tulipán.
mi vista era sepultada sobre el umbral,
cuando de pronto se acercó una mujer,
y pósese en mi entrada cual en pedestal,
Sus iris eran dos mundos agónicos,
y estaba esculpida toda su piel,
con sueños tristes y melancólicos,
con dulce aroma, escarcha y con miel.
Bajo la lluvia, se humedecía su labio,
y con ella la añoranza y el afán,
se entremetían entre su cabello sabio,
y entre sus manos de tulipán.
De su silueta bajaba una pluma,
yo la veía posarse sobre el umbral,
y con el brillo insistente de la luna,
vi que tenía dos alas, en su dorsal.
Aquella dama me extendió su mano,
yo la tomé sin desconfianza alguna,
volamos juntos hacia un lugar tan lejano,
que nos encandiló en lo alto la luz de la luna.
yo la veía posarse sobre el umbral,
y con el brillo insistente de la luna,
vi que tenía dos alas, en su dorsal.
Aquella dama me extendió su mano,
yo la tomé sin desconfianza alguna,
volamos juntos hacia un lugar tan lejano,
que nos encandiló en lo alto la luz de la luna.
Entonces el mundo lucía muy disperso
cuando volamos encima de la noche quieta,
pero luego me trajo de nuevo al universo,
y consecuentemente también al planeta.
Después me regresó la dama a mi recinto,
en el umbral aún yacía caída la pluma,
sin embargo todo parecía tan distinto,
y la lluvia era ahora cambiada por bruma.
Luego ella soltó de mi mano,
entonces yo lancé un grito desde otro plano,
pues ella partía, y llevaba una azada,
y yo veía mi figura, inmóvil y ensangrentada.
cuando volamos encima de la noche quieta,
pero luego me trajo de nuevo al universo,
y consecuentemente también al planeta.
Después me regresó la dama a mi recinto,
en el umbral aún yacía caída la pluma,
sin embargo todo parecía tan distinto,
y la lluvia era ahora cambiada por bruma.
Luego ella soltó de mi mano,
entonces yo lancé un grito desde otro plano,
pues ella partía, y llevaba una azada,
y yo veía mi figura, inmóvil y ensangrentada.
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