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Unos versos en la hierba

Abraham Ferreira Khalil

Poeta recién llegado
He encontrado unos versos en la hierba,
dormidos, como criaturas recién nacidas
en el regazo amable de una mirada.
La tarde cubre el cielo,
flameante como una tela, con relieves
rosados, montañosos, con hilos de oro
que van deshilvanándose
en la marea del crepúsculo que se derrite
sobre la cresta de las montañas,
sobre la pirámide del cielo,
sobre la hierba... La hierba fresca
bañada por un arroyo de sombras íntimas.

El recuerdo despliega sus alas de locura
abrazándolo todo, envenenando el aire con su plumaje,
golpeando el sol, barriendo los bosques y las montañas,
dejándonos la noche ensordecedora
y una guitarra con acordes de relámpago.
Has roto el pacto eterno de las piedras,
has encontrado sonrisas bajo el agua del río
y le has cortado las barbas al invierno
como un niño travieso
en el umbral feroz de la pubertad.

He encontrado unos versos en la hierba,
bañados por las lágrimas de una golondrina herida
que vino a reposar en tu palabra maternal;
tu palabra de equinoccios sin abrirse,
tu palabra de planetas imperfectos,
tu palabra de cordilleras en el polvo
de los mapas nostálgicos que se desangran en una mesa
sobre el rostro fugaz de una floresta.

He encontrado unos versos sobre la hierba.
El paisaje estalla al leerlos,
como si recordara
bajo el peso invisible de una hoja
aquella luz perdida,
luminaria de las montañas circundantes
más allá de los templos, más allá de estos paisajes.




© Abraham Ferreira Khalil
 
Última edición:
He encontrado unos versos en la hierba,
dormidos, como criaturas recién nacidas
en el regazo amable de una mirada.
La tarde cubre el cielo,
flameante como una tela, con relieves
rosados, montañosos, con hilos de oro
que van deshilvanándose
en la marea del crepúsculo que se derrite
sobre la cresta de las montañas,
sobre la pirámide del cielo,
sobre la hierba... La hierba fresca
bañada por un arroyo de sombras íntimas.

El recuerdo despliega sus alas de locura
abrazándolo todo, envenenando el aire con su plumaje,
golpeando el sol, barriendo los bosques y las montañas,
dejándonos la noche ensordecedora
y una guitarra con acordes de relámpago.
Has roto el pacto eterno de las piedras,
has encontrado sonrisas bajo el agua del río
y le has cortado las barbas al invierno
como un niño travieso
en el umbral feroz de la pubertad.

He encontrado unos versos en la hierba,
bañados por las lágrimas de una golondrina herida
que vino a reposar en tu palabra maternal;
tu palabra de equinoccios sin abrirse,
tu palabra de planetas imperfectos,
tu palabra de cordilleras en el polvo
de los mapas nostálgicos que se desangran en una mesa
sobre el rostro fugaz de una floresta.

He encontrado unos versos sobre la hierba.
El paisaje estalla al leerlos,
como si recordara
bajo el peso invisible de una hoja
aquella luz perdida,
luminaria de las montañas circundantes
más allá de los templos, más allá de estos paisajes.


Y en mis poemas
encontrarás mis sentimientos,
cuando la luz del día salió por mi cabeza,
en mis ojos y en mis tiernos versos...
Un placer haber pasado, un beso.

:bienvenido:
 
He encontrado unos versos en la hierba,
dormidos, como criaturas recién nacidas
en el regazo amable de una mirada.
La tarde cubre el cielo,
flameante como una tela, con relieves
rosados, montañosos, con hilos de oro
que van deshilvanándose
en la marea del crepúsculo que se derrite
sobre la cresta de las montañas,
sobre la pirámide del cielo,
sobre la hierba... La hierba fresca
bañada por un arroyo de sombras íntimas.

El recuerdo despliega sus alas de locura
abrazándolo todo, envenenando el aire con su plumaje,
golpeando el sol, barriendo los bosques y las montañas,
dejándonos la noche ensordecedora
y una guitarra con acordes de relámpago.
Has roto el pacto eterno de las piedras,
has encontrado sonrisas bajo el agua del río
y le has cortado las barbas al invierno
como un niño travieso
en el umbral feroz de la pubertad.

He encontrado unos versos en la hierba,
bañados por las lágrimas de una golondrina herida
que vino a reposar en tu palabra maternal;
tu palabra de equinoccios sin abrirse,
tu palabra de planetas imperfectos,
tu palabra de cordilleras en el polvo
de los mapas nostálgicos que se desangran en una mesa
sobre el rostro fugaz de una floresta.

He encontrado unos versos sobre la hierba.
El paisaje estalla al leerlos,
como si recordara
bajo el peso invisible de una hoja
aquella luz perdida,
luminaria de las montañas circundantes
más allá de los templos, más allá de estos paisajes.




© Abraham Ferreira Khalil


Precioso!, meencantó encontrar tus versos esta noche, han sido un colirio para mis ojos. mis aplausos poeta y un abrazo.
 

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