Nommo
Poeta veterano en el portal
Es difícil ser, en el tiempo presente.
Entiendo que una pizca de sal, parece minúscula.
Pero da sabor al lenguado.
Si te arrimas al Padre, entenderás Futuro, presente y Pasado.
Es en duermevela o estado de alfa. En vigilia.
Con nitidez, veo al espíritu santo.
Parece una joya que nos determina, como colofón a toda una década prodigiosa.
Cumbres de alto copete y rancio abolengo aristocrático.
Homo Sapiens Sapiens del planeta Tierra. Lo último y lo primero.
Pero hemos de arremangarnos, para servir al prójimo.
A veces, se nos va el santo al cielo, y olvidamos lo que queríamos decir, ante una junta.
Hay un silencio estremecedor, en el semblante.
¿ Yo ? ¿ Existo ? ¿ Qué hago aquí ? ¿ De qué pie cojeo ? ¿ Quiénes son ustedes ?
Y por qué me están mirando...
Un suspiro, un bostezo, una súplica... Un asterisco, un signo de exclamación, un punto y coma.
¡ Yo soy ! Dilo, en voz alta.
¡ Transistor de radio ! ¡ Mochila al hombro ! ¡ Botas camperas !
¡ Yo soy soldado raso y el hijo de la Primavera !
Yo soy quien lleva la voz cantante, y tengo la sartén por el mango.
Máximo rango. Puro y duro. Y entonces, hablas a la concurrencia.
Les explicas acerca de las Bienaventuranzas.
¡ Bienaventurados los limpios de corazón, puesto que ellos podrán verme !
Pero claro, yo no soy el Creador del firmamento. Entonces, me aparto.
Detrás de mí viene la tormenta. Detrás de mí, las olas de tres metros.
Detrás de mí, el Absoluto. El que es, por siempre. ¿ No me creen ? ¡ No me lastimen !
Me despeinan.
Me empujan y zarandean.
Me mantean y elevan, pellizcan y escupen.
Me voy, pueblo unido. Porque jamás será vencido. Ni convencido...
Quiero estar solo.
Entiendo que una pizca de sal, parece minúscula.
Pero da sabor al lenguado.
Si te arrimas al Padre, entenderás Futuro, presente y Pasado.
Es en duermevela o estado de alfa. En vigilia.
Con nitidez, veo al espíritu santo.
Parece una joya que nos determina, como colofón a toda una década prodigiosa.
Cumbres de alto copete y rancio abolengo aristocrático.
Homo Sapiens Sapiens del planeta Tierra. Lo último y lo primero.
Pero hemos de arremangarnos, para servir al prójimo.
A veces, se nos va el santo al cielo, y olvidamos lo que queríamos decir, ante una junta.
Hay un silencio estremecedor, en el semblante.
¿ Yo ? ¿ Existo ? ¿ Qué hago aquí ? ¿ De qué pie cojeo ? ¿ Quiénes son ustedes ?
Y por qué me están mirando...
Un suspiro, un bostezo, una súplica... Un asterisco, un signo de exclamación, un punto y coma.
¡ Yo soy ! Dilo, en voz alta.
¡ Transistor de radio ! ¡ Mochila al hombro ! ¡ Botas camperas !
¡ Yo soy soldado raso y el hijo de la Primavera !
Yo soy quien lleva la voz cantante, y tengo la sartén por el mango.
Máximo rango. Puro y duro. Y entonces, hablas a la concurrencia.
Les explicas acerca de las Bienaventuranzas.
¡ Bienaventurados los limpios de corazón, puesto que ellos podrán verme !
Pero claro, yo no soy el Creador del firmamento. Entonces, me aparto.
Detrás de mí viene la tormenta. Detrás de mí, las olas de tres metros.
Detrás de mí, el Absoluto. El que es, por siempre. ¿ No me creen ? ¡ No me lastimen !
Me despeinan.
Me empujan y zarandean.
Me mantean y elevan, pellizcan y escupen.
Me voy, pueblo unido. Porque jamás será vencido. Ni convencido...
Quiero estar solo.
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