Veintidós

La luna se fue,
y las nubes en lo alto me hablan.
Me despierto hoy,
como cada día que pasa,
pensando mucho y haciendo poco.
Repasando todas las historias que mi mente me susurra,
leyendo mucho,
hartandome de libros y amores fugaces,
o estando bajo la piel de uno que otro culpable,
de esos personajes que te escupen en la cara y terminan besándote.

El reloj que reposa sobre mi muñeca,
se encarga de omitir un pitido fugaz cada vez,
que las horas deciden dar un paso hacia el vacío.
Lo observo mientras el minutero me encuentra,
mirando hacia la nada nuevamente.
Y las palabras que no pude decir,
se meten entre mi cuero cabelludo,
provocandome cosquillas.
Y es que el agua de la ducha ya no me las quita,
y eso que refriego bien.

La música es poesía que baña mis días,
la soledad en mi habitación se transforma en galaxias.
La pared siempre encuentra un nuevo dibujo,
la brisa que entra por la ventana escucha un nuevo suspiro
y la ropa arrugada sobre el escritorio respira aún,
el perfume de aquel pasado que me molesta.
Ése testarudo que sigue tocando mi puerta,
aún cuando ya le he dicho que no venga.
Lo he hecho lo juro.
Pero así es la vida.
Las memorias solo saben ser aleatorias conforme la herida sana,
y las palabras de aliento son como el cigarro en mi mano.
A cada calada,
un segundo menos de vida no?
 

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