Venus, abstraída, contempla
sobre el estanque
su vanidad reflejada.
El rocío de la mañana
arrebola sus mejillas,
cual rosa que se abre
con gallardía.
De oro bruñido es su cabello
que causa envidia al propio sol,
que brilla a lo lejos.
Sus pequeños pies,
sobre la hierba fresca,
apenas dejan huella,
como suspiro de aire
rozando la tierra.
Marte la admira
y rinde escudo y espada,
corazón y ansias,
sobre su figura divina
hecha para amar
y, ante ella, el ardor guerrero
debe claudicar.
sobre el estanque
su vanidad reflejada.
El rocío de la mañana
arrebola sus mejillas,
cual rosa que se abre
con gallardía.
De oro bruñido es su cabello
que causa envidia al propio sol,
que brilla a lo lejos.
Sus pequeños pies,
sobre la hierba fresca,
apenas dejan huella,
como suspiro de aire
rozando la tierra.
Marte la admira
y rinde escudo y espada,
corazón y ansias,
sobre su figura divina
hecha para amar
y, ante ella, el ardor guerrero
debe claudicar.
Última edición por un moderador: