BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
I-.
Éxodo insaciable de manos corpulentas,
armarios desollados que inyectan su concupiscencia,
desarrollando infames presencias de anónimos crepitantes,
viscerales ofrendas de cuerpos exentos de miedo.
Oh, maldición, la prenda servida en un extremo!
II-.
Desbrozando el sendero intermitente,
contagio las alamedas de intereses contrapuestos,
mirada de infancia solitaria, ¿qué hemos aprendido,
doctor en ciencias apáticas? Decid, decidnos, qué hacer
con
las emociones, el dolor, la imaginación castrada,
la fantasía arrumbada en el desván, como un potro emasculado?.
III-.
Y mi cuerpo que vence al fin el tedio y el desinterés.
Esas ofrendas paralizantes que propagan el silencio, la muerte.
Señores bondadosos, ¿de qué sirve ser bueno? Aunque,
al preguntármelo, dejo en el aire, estelas de verdad no humilladas.
Y mis brazos que exhiben su vergüenza, la vergüenza de no tener
más que soledades.
Éxodo insaciable de manos corpulentas,
armarios desollados que inyectan su concupiscencia,
desarrollando infames presencias de anónimos crepitantes,
viscerales ofrendas de cuerpos exentos de miedo.
Oh, maldición, la prenda servida en un extremo!
II-.
Desbrozando el sendero intermitente,
contagio las alamedas de intereses contrapuestos,
mirada de infancia solitaria, ¿qué hemos aprendido,
doctor en ciencias apáticas? Decid, decidnos, qué hacer
con
las emociones, el dolor, la imaginación castrada,
la fantasía arrumbada en el desván, como un potro emasculado?.
III-.
Y mi cuerpo que vence al fin el tedio y el desinterés.
Esas ofrendas paralizantes que propagan el silencio, la muerte.
Señores bondadosos, ¿de qué sirve ser bueno? Aunque,
al preguntármelo, dejo en el aire, estelas de verdad no humilladas.
Y mis brazos que exhiben su vergüenza, la vergüenza de no tener
más que soledades.