Fausto Ruber
Poeta recién llegado
Adiós.
Cruel palabra que hoy me tortura el alma.
En la oscura nostalgia me pierdo y divago.
Entre ideas de un corazón en dos partido.
De un alma en soledad dolorosa.
De una vida perdida y sin sentido.
En la oscuridad que baila con el silencio memorias revivo.
Sobre el día en que por vez primera nuestras miradas de amor hablaron.
Cuando las aves parecieron cantar desafinadas.
El brillo del sol se pintó opaco.
Y el horizonte dejó de inspirar si quiera suspiros.
Porque toda la belleza del mundo se la robaron tus ojos de miel oscura.
La ternura tu sonrisa como perlas blancas.
Y la primavera hizo un nido en tus cabellos de café casero.
Atándome así al romántico invierno.
Que juega a dejarme tenerte y perderte.
Que deja mi mundo vacío.
Y completo a la vez.
Como de tinta, las palabras de mis dedos gotean.
Temerosos de escribirte un mal poema de amor.
Que no alcance para llenarte la risa.
Ni para hacer latir tu corazón.
Que no haga en ti llover recuerdos.
Ni que me extrañes como te extraño yo.
Que no te cuente cuánto complementas mi vida.
Ni que sin ti ya no se vivir.
Que te necesito como se necesita al agua.
Y que te añoro como al aire y la luz.
Porque este amor de marea brava.
Como a un pequeño bote me lleva.
Pues si hoy vivo mis días son tuyos.
Y si mañana sigo todos te regalo.
A través de ti respiro.
En tu ausencia mi corazón no late.
Y se me arruga el alma de papel.
Al intentar escribirte palabras de te extraño.
El hasta luego se nos cuela en los ojos pronosticando lluvias tristes.
Mientras que la promesa de volver a verte se acerca como un cálido abrazo.
Y saltan las preguntas propias de la melancolía.
¿Qué era yo antes de ti?
¿Cómo vivir sin ver el amanecer en tu risa matutina
Y el anochecer en una mirada pensativa?
El tiempo comenzó contigo.
Los relojes andaron cuando te vi.
Cuando la pluma comenzó a escribir.
Sobre el papel masoquista.
La historia de la vida y del amor.
El cuento de una mariposa que se enamora de una rosa.
Del naufrago que se aferra a la isla.
De la dama y el lobo.
La historia del final incierto.
De alas o polvo.
Pero de amor verdadero.
El calendario se ríe y camina lento.
Mientras la agonía crece y echa raíces.
Que los recuerdos abonan con malicia.
Preludio de un reencuentro inminente.
Fin de una tragedia de unos cuantos días.
Porque no hace falta la eternidad para morir de amor.
Basta a veces con un par de horas.
Y es que ningún corazón bombea si no está completo.
Y tu al irte te llevas todo el mío.
Perdóname.
Olvidé cómo vivir sin ti.
Despierto te sueño.
En la oscuridad te veo vestida de blanco.
En el silencio te oigo reír.
En la brisa viaja tu aroma a verano.
La música guarda el sabor de tus besos agridulces.
La almohada me habla de abrazos dormidos.
Y cuando la soledad me visita.
Pienso en ti otra vez.
En cuán mía te siento y cuán tuya te veo.
Porque en el pecho guardas un alma briosa.
No eres ni mía ni del destino.
Sino del viento que bajo tus alas galopa.
Adiós.
Sentencia melancólica a veces demasiado cruel.
Que contigo se transforma.
En triste y bendita oportunidad de amarte más.
Y de saber que la vida no vale si no estás en ella.
En este juego de bienvenidas y despedidas que el destino nos puso a jugar.
Aprendí a amarte como se ama de verdad.
Entregándolo todo.
Apostando el alma en un juego sin certezas.
Mirando a través de los ojos del otro.
Respirando su aliento.
Y sin saber cuándo exactamente.
Dejé de sobrevivir y empecé a vivir.
Sabiendo que en adelante todos los adioses serán hasta luego.
Hasta el último.
El verdadero.
Así que.
Por ahora.
Adiós.
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