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Vestido negro

Ziler

Poeta recién llegado
Despidiéndome de la luna, se ilumina mi mañana, que recoge sin prisa mis restos de varón. Las madrugadas anuncian un desvelo inminente que destroza mi libreta con un apetito voraz. Dos lunas disfrazadas de lunares guían mi momento de consuelo, recordando entre sueños los placeres de la piel, abrazados en un abismo que no perdona los años de soledad y tristeza.

Las oscuridades manifiestan paradigmas difuntos y solo queda tu imagen perdida en cada letra. Los rituales de despedida definen protocolos de olvido que se transformaron en un beso sepulcral.Se desvanecen mis musas reales que intentan llevarse a la fuerza mi poesía clandestina, condenándome a escribirle a fotos manchadas de ceniza y recuerdo.

Después de ver cómo se perdieron tus ojos, entendí que llenar mi libreta iba a ser un castigo por perderte. Se enciende la pena de mi cigarrillo y yo sigo buscándola en mi humo, drenando mi pluma de su último suspiro de amor, culpándose de regalarle tu mano a la muerte, que entre nupcias sin velo te viste con un hermoso vestido negro.​
 
Despidiéndome de la luna, se ilumina mi mañana, que recoge sin prisa mis restos de varón. Las madrugadas anuncian un desvelo inminente que destroza mi libreta con un apetito voraz. Dos lunas disfrazadas de lunares guían mi momento de consuelo, recordando entre sueños los placeres de la piel, abrazados en un abismo que no perdona los años de soledad y tristeza.

Las oscuridades manifiestan paradigmas difuntos y solo queda tu imagen perdida en cada letra. Los rituales de despedida definen protocolos de olvido que se transformaron en un beso sepulcral.Se desvanecen mis musas reales que intentan llevarse a la fuerza mi poesía clandestina, condenándome a escribirle a fotos manchadas de ceniza y recuerdo.

Después de ver cómo se perdieron tus ojos, entendí que llenar mi libreta iba a ser un castigo por perderte. Se enciende la pena de mi cigarrillo y yo sigo buscándola en mi humo, drenando mi pluma de su último suspiro de amor, culpándose de regalarle tu mano a la muerte, que entre nupcias sin velo te viste con un hermoso vestido negro.​
Una prosa profundamente melancólica.
Aún queda esperanza Ziler.

Saludos
 

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