No vislumbro un final en el camino.
Ni el cruce necesario de dos mundos.
Se escapa de las sombras tenue trino
entre silencios mucho más rotundos.
Telarañas de rayos moribundos
se mezclan con la niebla y los destinos
para crear senderos más profundos
que guían nuestros pasos matutinos.
La vía es custodiada por los brazos
de ramas extendidas cuyos dedos
difuminan lo tibio de esos trazos.
Sé que adoras la paz de días quedos,
perderte en sus entrañas con chispazos
de breve luz al disipar tus miedos.