DRYELL
Poeta fiel al portal
Este no será ningún poema,
será más bien una historia,
quizás narración de una guerra,
tal vez de una pérfida gloria.
un triste castillo y sus penas
un vil prisionero en memorias,
ahogado en las máculas negras
trazadas con llanto en las hojas.
Un viajero entre las nubes de la nada,
que mirando a lo alto soñó con estrellas,
que creyó con fervor en los cuentos de hadas,
y busco entre las formas las cosas etéreas.
Un andante inmóvil cuyo anhelo esta en la calma
en los matices endrinos
y en los paisajes del alma,
en los jardines floridos
y en las montañas más altas.
Este no será más que un relato,
de una quimera escondida,
de un caminante encerrado,
sin tiempo, sin noche y sin día,
perdido entre el negro y el blanco.
El ruin habitante de un claustro
muriendo viviendo su vida,
creyendo, sintiendo y soñando
sin nunca dejar su guarida.
Un pintor de sueños
asomado a la ventana,
que sin dejar el encierro
se deslizó entre las aguas,
sobre los mares perfectos,
bajo las lluvias lozanas,
atesorando en panfletos
sus no vividas hazañas.
Un silente espía de los astros y su magia,
de amaneceres albinos
y atardeceres de malva,
que sin dejar su castillo
voló profundo en su alma.
será más bien una historia,
quizás narración de una guerra,
tal vez de una pérfida gloria.
un triste castillo y sus penas
un vil prisionero en memorias,
ahogado en las máculas negras
trazadas con llanto en las hojas.
Un viajero entre las nubes de la nada,
que mirando a lo alto soñó con estrellas,
que creyó con fervor en los cuentos de hadas,
y busco entre las formas las cosas etéreas.
Un andante inmóvil cuyo anhelo esta en la calma
en los matices endrinos
y en los paisajes del alma,
en los jardines floridos
y en las montañas más altas.
Este no será más que un relato,
de una quimera escondida,
de un caminante encerrado,
sin tiempo, sin noche y sin día,
perdido entre el negro y el blanco.
El ruin habitante de un claustro
muriendo viviendo su vida,
creyendo, sintiendo y soñando
sin nunca dejar su guarida.
Un pintor de sueños
asomado a la ventana,
que sin dejar el encierro
se deslizó entre las aguas,
sobre los mares perfectos,
bajo las lluvias lozanas,
atesorando en panfletos
sus no vividas hazañas.
Un silente espía de los astros y su magia,
de amaneceres albinos
y atardeceres de malva,
que sin dejar su castillo
voló profundo en su alma.