Imagen nº 6.- Mes de NOVIEMBRE
VIDA DESDE LA MUERTE
¡Oh, sí! Yo también cabalgué
dentro de ellas.
Semilla fui en tierra fértil,
en la besana profunda que horadó
quien siendo yo
fue anterior a mí.
¡Oh, sí! Yo conocí la luz negra
que eternamente las habita.
Socavé las cálidas bóvedas
y bebí de su líquido primordial,
ciego en la luz esencial
de su claustro.
¡Oh, sí! Yo conozco bien su música,
las aladas salmodias que adormecen.
Ráfagas de vida, latidos de inocencia
fueron construyendo aquel que fui
dentro del húmedo domo.
Cabalgué dentro de ellas
y las poseí siendo germen de pecado
-y me poseyeron fugaces-
desde ellas nací hombre
y las conocí bien.
Amorosamente vírgenes
me ofrecieron compartir su lecho,
vientre y sangre para nacerme
entre secreciones vivificantes.
Vedlas ahora aquí,
catálogo de lo efímero,
arreciadas por el viento del que un día
me resguardaron.
Instrumento celestial nunca colmado,
carnes cálidas y suaves,
se trasforman en raigones nuevos
para albergar nuevas vidas
en campos que crecen sedientos.
Trenzadas en común origen
en abrazo y simbiosis
generadoras de alientos
¡Oh, si! Yo habité la mujer eterna,
esa que aquí veis
cambiante como una tierra oscura.
VIDA DESDE LA MUERTE
¡Oh, sí! Yo también cabalgué
dentro de ellas.
Semilla fui en tierra fértil,
en la besana profunda que horadó
quien siendo yo
fue anterior a mí.
¡Oh, sí! Yo conocí la luz negra
que eternamente las habita.
Socavé las cálidas bóvedas
y bebí de su líquido primordial,
ciego en la luz esencial
de su claustro.
¡Oh, sí! Yo conozco bien su música,
las aladas salmodias que adormecen.
Ráfagas de vida, latidos de inocencia
fueron construyendo aquel que fui
dentro del húmedo domo.
Cabalgué dentro de ellas
y las poseí siendo germen de pecado
-y me poseyeron fugaces-
desde ellas nací hombre
y las conocí bien.
Amorosamente vírgenes
me ofrecieron compartir su lecho,
vientre y sangre para nacerme
entre secreciones vivificantes.
Vedlas ahora aquí,
catálogo de lo efímero,
arreciadas por el viento del que un día
me resguardaron.
Instrumento celestial nunca colmado,
carnes cálidas y suaves,
se trasforman en raigones nuevos
para albergar nuevas vidas
en campos que crecen sedientos.
Trenzadas en común origen
en abrazo y simbiosis
generadoras de alientos
¡Oh, si! Yo habité la mujer eterna,
esa que aquí veis
cambiante como una tierra oscura.