BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
De luz las hojas que se mecen
en el gran árbol de enfrente.
Llenas de sabor, las migajas
que un caracol deja sobre los parterres.
La fronda y la altitud del paisaje
mezclados con la víbora que se oculta
entre los tejados, o en la tierra, lombriz
alterna. De luminoso el neón que causa
más estrépito que júbilo, más ofensa
que disturbio. De sal y sangre, las heridas
que quiebran el pantalón holgado, paseando
en círculos. En esa manera de encerrarse
todavía más, en uno o en todos. De ensañarse
con la vida, para sacarle más fruto.
©
en el gran árbol de enfrente.
Llenas de sabor, las migajas
que un caracol deja sobre los parterres.
La fronda y la altitud del paisaje
mezclados con la víbora que se oculta
entre los tejados, o en la tierra, lombriz
alterna. De luminoso el neón que causa
más estrépito que júbilo, más ofensa
que disturbio. De sal y sangre, las heridas
que quiebran el pantalón holgado, paseando
en círculos. En esa manera de encerrarse
todavía más, en uno o en todos. De ensañarse
con la vida, para sacarle más fruto.
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