BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
A veces
las circunstancias se alían
y merece la pena lo conseguido
mientras fuera llueve
y se proyecta el pasado como
un órgano instintivo
que no dejara de redundar
en pobres beneficios hacia uno
que ya no habita su propio escaparate
íntimo y tempestuoso
sino que vive afuera como el pájaro
o el ave
que acabara de capturar un pececillo.
Ya no recuerda uno
lo que queda de aquello,
o las cenizas que reposaban intempestivamente
sobre secretos forzados o ceniceros humillados.
Ni tan siquiera
el esfuerzo denodado por permanecer
lejos del invierno
con una canción en el bolsillo
desvanecido.
A veces todo se alía
y aunque crujan las paredes
fríamente congeladas
y los espacios las despensas
se inunden levemente de flores y de agua,
resta el fin del mundo,
el fin del tiempo
para amar.
©
las circunstancias se alían
y merece la pena lo conseguido
mientras fuera llueve
y se proyecta el pasado como
un órgano instintivo
que no dejara de redundar
en pobres beneficios hacia uno
que ya no habita su propio escaparate
íntimo y tempestuoso
sino que vive afuera como el pájaro
o el ave
que acabara de capturar un pececillo.
Ya no recuerda uno
lo que queda de aquello,
o las cenizas que reposaban intempestivamente
sobre secretos forzados o ceniceros humillados.
Ni tan siquiera
el esfuerzo denodado por permanecer
lejos del invierno
con una canción en el bolsillo
desvanecido.
A veces todo se alía
y aunque crujan las paredes
fríamente congeladas
y los espacios las despensas
se inunden levemente de flores y de agua,
resta el fin del mundo,
el fin del tiempo
para amar.
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