Miguel Mercurio
Poeta recién llegado
El constante reloj no hará olvidar
fugaces destellos de aquel pasado
donde sus tres agujas se han parado
muertas de contra el recuerdo avanzar.
Atormentado marchaste a observar
llamado a las alturas impotente
cual obligado vigía silente
los eternos e incurables quebrantos
gobernados por incesantes llantos
en los que siempre estarías presente.
La memoria no dejará escapar
al maravilloso sueño atrapado
y lo retendrá con llave encerrado
como tesoro en el fondo del mar.
Ahora queda senda por andar
con la fe del confiado penitente
de alcanzar un destino finalmente
y despojarse de los negros mantos,
vestimentas de dolor de otros tantos,
porque allí tú nunca estarás ausente.
fugaces destellos de aquel pasado
donde sus tres agujas se han parado
muertas de contra el recuerdo avanzar.
Atormentado marchaste a observar
llamado a las alturas impotente
cual obligado vigía silente
los eternos e incurables quebrantos
gobernados por incesantes llantos
en los que siempre estarías presente.
La memoria no dejará escapar
al maravilloso sueño atrapado
y lo retendrá con llave encerrado
como tesoro en el fondo del mar.
Ahora queda senda por andar
con la fe del confiado penitente
de alcanzar un destino finalmente
y despojarse de los negros mantos,
vestimentas de dolor de otros tantos,
porque allí tú nunca estarás ausente.