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Gélido pellizco en la espalda,
libertad de no hacer nada,
la palabra nunca comienza
y desnuda su piel acaba,
se interesa lo superfluo
por el celo del instinto,
creyendo a cada momento
que es inmenso lo anodino,
que en el centro de la imagen
y alrededor del signo,
transita un mundo de ideas,
utopías cantando a gritos,
servidumbre que esconde el duelo
y lo amargo de no encontrar
la pirámide de fuego
y el bálsamo en altamar.
Así los días se acortan
en el remanso artificial,
besándole el trasero a un zorro.
Jugando a la inanidad.
Psycho
Gélido pellizco en la espalda,
libertad de no hacer nada,
la palabra nunca comienza
y desnuda su piel acaba,
se interesa lo superfluo
por el celo del instinto,
creyendo a cada momento
que es inmenso lo anodino,
que en el centro de la imagen
y alrededor del signo,
transita un mundo de ideas,
utopías cantando a gritos,
servidumbre que esconde el duelo
y lo amargo de no encontrar
la pirámide de fuego
y el bálsamo en altamar.
Así los días se acortan
en el remanso artificial,
besándole el trasero a un zorro.
Jugando a la inanidad.
Psycho