Sofia Luz Castagno
Poeta adicto al portal
Era la cruz de plata y lapizlazule
pendiente en la gruesa cadena de metal,
ubicada en el centro del mundo invisible,
en el punto infinito de la eternidad.
Era el paño negro, opaco y siniestro,
mortaja de espacios de un signo astral,
el símbolo vivo de todo lo muerto,
envoltorio de duelo que invita a la paz.
Eran las manos...transmisores claros
de un sexto sentido -conciente y veraz-
que apunta a todo lo oculto y dormido,
con potenciales venidos del más allá.
Era el rostro de gestos conocidos,
que sabe a extrañeza, mas es familiar,
que lleva consigo toda la experiencia
de una vida hecha para el bien, nada más...
Era toda su casa albergue de seres
que con nuestro silencio buscaban hablar,
unidos a estrellas y otros planetas,
a lejanos cuerpos de otra humanidad.
pendiente en la gruesa cadena de metal,
ubicada en el centro del mundo invisible,
en el punto infinito de la eternidad.
Era el paño negro, opaco y siniestro,
mortaja de espacios de un signo astral,
el símbolo vivo de todo lo muerto,
envoltorio de duelo que invita a la paz.
Eran las manos...transmisores claros
de un sexto sentido -conciente y veraz-
que apunta a todo lo oculto y dormido,
con potenciales venidos del más allá.
Era el rostro de gestos conocidos,
que sabe a extrañeza, mas es familiar,
que lleva consigo toda la experiencia
de una vida hecha para el bien, nada más...
Era toda su casa albergue de seres
que con nuestro silencio buscaban hablar,
unidos a estrellas y otros planetas,
a lejanos cuerpos de otra humanidad.