Hejaran
Poeta asiduo al portal
Vivencias de mi mente y de mi alma.
Estas vivencias se las dedico a la mujer que en el ocaso de mi vida, me ha trasmitido deseos de vivir y satisfacciones increíbles; mujer hermosa, dulce, tierna, sincera y encantadora, que cualquier hombre desearía para recorrer con ella el camino de la vida.
Le doy gracias a Dios por permitirme disfrutar de los encantos de este ser, que me entregó no solo su cuerpo, también su mente y su corazón, sin restricciones ni compromisos de ninguna índole.
No puedo negar que en el trascurso de mi vida he amado a muchas mujeres, y me he sentido correspondido; a todas les he entregado amor, ternura, cariño, pasión y sobre todo respeto.
Para conseguir ser amado no he malbaratado ninguna fortuna, ni he tirado por la borda ningún valor suplicando o mendigando amores o comprando caricias.
Las mujeres me han amado por lo que soy, he tenido la fortuna y el placer de compartir con cada una de ellas, momentos inolvidables que difícilmente olvidaré, esto reconforta mi espíritu y me permite conservar una lucidez mental que hasta yo mismo me asombro.
Esta lucidez la utilizo muchas veces para hacerles escritos, prosas y poemas que les lleguen al alma, y hacerles saber sin melosidad cuanto las quiero y las deseo, muchas veces revivo en extensivos escritos cada paso de nuestros placenteros amores y maravillosos quereres.
Qué más le puedo pedirle a la vida, si todo me lo ha dado. He sembrado miles de árboles, construido edificios, casas y mansiones, he trabajado con tesón y sin descanso por espacio de cuarenta años, he tenido dos hijos con la mujer que adoré y copó mi juventud. He amado a otras mujeres con locura y he aprendido a manejar estos amores con responsabilidad.
He escrito más de setenta obras que son el legado literario que dejaré para que otros seres que no han nacido aprendan de él; legado que me llena de orgullo y que me impulsa a seguir escribiendo y amando hasta que se me apague la vida.
D​erechos reservados. Hejaran.
LA LIBERTAD ¡OH LA LIBERTAD¡
Después de treinta años el amor existente se apagó como una pavesa, una tragedia acabo con todo, y volé como el sinsonte volaría de su jaula al dejar la puerta abierta.
La sensación de libertad que sentía era maravillosa, me palpaba y no lo creía; pareciera que hubiera vuelto a la vida.
Al principio sentí una soledad que me embargaba, pero el solo saber que estaba libre llenaba mi espíritu y me hacía pensar que ahora el tiempo era mío, sin interrup-ciones, sin importar que lloviera, tronara, o relampagueara.
El problema era mi corazón, que seguía expectante, y sentía un vacio inmenso sin ponerse de acuerdo con mi mente como si el uno pensara y el otro palpitara.