Vivir en ti

Leonardo Vinci

Poeta recién llegado
Vivir en ti,
en este espacio sin luz,
sin carruajes ni alas;
tras estas puertas pesadas y frías
que las veredas de los espejos
se obstinan en cerrar en cada ocaso.
Sólo algún candil añoso
suspendido entre dos astros
juguetea en la memoria,
y escribe lacónicamente su tizne
sobre la huella de alabastro
del fantasma de los pájaros.
Antes o después de ti,
el juego de la simetría invencible de las horas disgrega al mundo,
lo esparce,
como lo haría el agua con esta gota de tinta atormentada,
o un papel al que el fuego devora
con la magia intocable de su lengua.
Vivir en ti,
sentado a horcajadas
en la reminiscencia rechinante
de un triciclo rojo sin ruedas,
prendido a la leva inmaculada de la imaginación
bajo los dibujos de las nubes allá lejos,
en un mundo tan pequeño entonces;
mundo acaso
mucho más grande
de lo que aquella mi fantasía creyó.
 
Vivir en ti,
en este espacio sin luz,
sin carruajes ni alas;
tras estas puertas pesadas y frías
que las veredas de los espejos
se obstinan en cerrar en cada ocaso.
Sólo algún candil añoso
suspendido entre dos astros
juguetea en la memoria,
y escribe lacónicamente su tizne
sobre la huella de alabastro
del fantasma de los pájaros.
Antes o después de ti,
el juego de la simetría invencible de las horas disgrega al mundo,
lo esparce,
como lo haría el agua con esta gota de tinta atormentada,
o un papel al que el fuego devora
con la magia intocable de su lengua.
Vivir en ti,
sentado a horcajadas
en la reminiscencia rechinante
de un triciclo rojo sin ruedas,
prendido a la leva inmaculada de la imaginación
bajo los dibujos de las nubes allá lejos,
en un mundo tan pequeño entonces;
mundo acaso
mucho más grande
de lo que aquella mi fantasía creyó.
 

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