Laura Masvidal
Poeta recién llegado
Cuando ya no quede nadie permanecerán las voces. Cuando los pájaros se hallen muertos sobre el asfalto, los automóviles aparcados junto a las aceras y sus dueños muertos en la cama, aún muchas voces resonarán en salas desiertas: risas y lágrimas, susurros, trémulas palabras de amor cuando ningún corazón palpite por abrazar el cuerpo de nadie. Habrá pasado el gas, lo habrá envenenado todo y nuestras ciudades se habrán convertido en grandes cementerios con los cadáveres desordenados, se escucharán voces de antiguos ídolos surgidas de las puertas y ventanas de los bares, de las primeras plantas de los pisos. Sonará por ejemplo "Jennifer" y a continuación "El boomerang", pero Barcelona ya no existirá como tal aún cuando su apariencia física no habrá cambiado. Lo llegado empujado por la fuerza de los vientos le habrá segado el alma que, amiga Lucía, somos nosotras y también son ellos. Revolotearán sombreros por la calle pues dicen que tras eso se van a formar unas ventoleras terribles y las hojas de otoño se perderán en bucles con olor a asfixia... miles de aparatos electrónicos en marcha, toda la comunidad de textos y sonidos proyectándose más allá de sus dueños. Las voces serán como el sentimiento que subyace tras la muerte de un amor. La herida, el odio, el morderse los labios, el desearme daño porque te he dicho no, el dejar que unas lágrimas se despeñen por las mejillas que enrojecen... las voces no pondrán punto y final como tampoco lo hace el amor dolido que empozoña más y más la llaga como si su única misión, tras consumidos unos gramos de felicidad, sea que la sangre no muera. Todo habrá acabado, nuestra ciudad se habrá cerrado como un ataúd, pero Mishima seguirá cantando, Els Amics de les Arts igualmente... Els Manel se escucharán en cada calle. ¿Ves como todo es mentira? ¿Que tras nuestro final pervive un reflejo, un espejismo que desea engañarnos? Son las voces.
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