Vuelvo a escribir porque el alma me lo pide.
Hace mucho postré mi lapicera
postergando los sueños que pequeños
emprendía. Retazos de pecera
envainada de peces ya sin dueños.
Lejanía de lejos y primera
abadía prestada en viejos leños.
Lentos fuegos que saben a la espera
de morir asaltados ya los sueños.
Y enfrentados los dos a cara o cruz;
es aquella empapada del calor
la alegría que aún persiste en vida.
Ya la muerte nos brinda por amor
agonizan los llantos y mi luz
se presenta con ases y rendida.
Hace mucho postré mi lapicera
postergando los sueños que pequeños
emprendía. Retazos de pecera
envainada de peces ya sin dueños.
Lejanía de lejos y primera
abadía prestada en viejos leños.
Lentos fuegos que saben a la espera
de morir asaltados ya los sueños.
Y enfrentados los dos a cara o cruz;
es aquella empapada del calor
la alegría que aún persiste en vida.
Ya la muerte nos brinda por amor
agonizan los llantos y mi luz
se presenta con ases y rendida.
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