Isaías Súvel
Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
VULNERABLE
-------------------------------------------------------
Que no sople el viento, que no vuelen aves;
que el río y el estero terminen su rumbo;
que la arena al mar le ponga más llaves,
a ese mar en olas y sales fecundo.
Que el aire no mueva siquiera una hoja;
que la alta brisa no mueva las nubes;
que sus manos tantas el rumbo no escojan,
de ese blanco vapor que de los llantos sube.
Que la flor del campo crezca más lenta;
que no meta ruido con ese milagro;
que el río no tenga a las piedras en cuenta,
ni bese en piedad al páramo magro.
Que la lluvia no cante cuando besa el suelo;
que no canten las aves ninguna mañana;
los penantes se escondan en un mudo duelo,
que no canten sus réquiems, que no doblen campanas.
Que termine el martillo su frenético toque;
los cinceles se guarden con candados de bronce;
que no agiten el aire en febril desboque,
que a los brazos rotundos un rayo los troche.
Que nada altere al helado éter;
en el frágil silencio que siempre te arrulla;
solo el frágil aire tus misterios cuente,
y sepamos los dos la fragilidad tuya.
Y no quiero que nada rompa este silencio;
que nada altere estas ondas dormidas;
por si logro oír tu dormido pecho
y por si acaso un día tu si yo consiga.
&&&&&&
-------------------------------------------------------
Que no sople el viento, que no vuelen aves;
que el río y el estero terminen su rumbo;
que la arena al mar le ponga más llaves,
a ese mar en olas y sales fecundo.
Que el aire no mueva siquiera una hoja;
que la alta brisa no mueva las nubes;
que sus manos tantas el rumbo no escojan,
de ese blanco vapor que de los llantos sube.
Que la flor del campo crezca más lenta;
que no meta ruido con ese milagro;
que el río no tenga a las piedras en cuenta,
ni bese en piedad al páramo magro.
Que la lluvia no cante cuando besa el suelo;
que no canten las aves ninguna mañana;
los penantes se escondan en un mudo duelo,
que no canten sus réquiems, que no doblen campanas.
Que termine el martillo su frenético toque;
los cinceles se guarden con candados de bronce;
que no agiten el aire en febril desboque,
que a los brazos rotundos un rayo los troche.
Que nada altere al helado éter;
en el frágil silencio que siempre te arrulla;
solo el frágil aire tus misterios cuente,
y sepamos los dos la fragilidad tuya.
Y no quiero que nada rompa este silencio;
que nada altere estas ondas dormidas;
por si logro oír tu dormido pecho
y por si acaso un día tu si yo consiga.
&&&&&&
Última edición: