Musa hermosa, que, magna, al corazón
placer has dado entero en mi contento,
permite que repase con mis dedos
las curvas que delínean tu figura
(toda tu arquitectura);
bríndame las delicias de tu aroma,
lléname de pasión
que quiero de tu cuerpo ser portento,
tenerte piel a piel y fuera miedos
-mira, que amor se asoma-.
Ven dame de tu vida
las palabras y glorias consagradas
que quiero estar contigo,
cubrirte cual abrigo
y poder abrigarte hasta los huesos.
Abrázame, querida,
y tenme en tus pisadas,
tus sueños, pensamientos y miradas;
entrégame tus besos
y dame de tu imperio;
dame tu noche, tarde y dulce día;
dame el agua y el fuego;
ven a darme sosiego
y entrégate a mis brazos que eres mía.