romaguce
Poeta recién llegado
Siempre hay algo extraño en una sonrisa conocida, un ligero titubeo cuando la zozobra esconde su verdadero enojo, detrás de una mentira benigna que no ahuyenta la verdad.
Enciendo un cigarrillo a mitad del tiempo y espero… mientras un dedo incansable, juega con la muerte y nuestras más terribles realidades beben y bailan bajo el fuego.
Mis arrugas lo dicen todo; mis pies sobornaron al tiempo y este los dejó andar con el viento, les dijo que eran libres que no tenían culpa de haber andado sobre la verdad de los corales y las incompresibles espinas de los campos, mientras el cielo rebosaba de agua entre las estrellas.
Soy el capitán de mis pesadillas,
He cabalgado estrepitoso sobre fuertes serenos y perfectas tormentas de tu mirar, y parto a altamar, con el céfiro levantando su mano al olvido.
Hoy puede ser el fin, o tal vez el comienzo de otro despertar abstracto,
Sin la gloria de los redimidos por la luz, sin valquirias que rescaten en lo profundo de la noche, los desechos de la borrasca…
Qué puedo hacer, mis días malos preceden a los buenos días y estos no ayudan a consolar mi melancolía; hoy fue un día para recordar; al borde del barranco, siento que cada vez que escribo, la muerte me incentiva a dar el salto, despertando en mí, la agonía suicida de un último deseo.
Cansado y sumiso, la esperanza toca mi espalda y el temor me hace seguir adelante sin voltear y voy en busca de nuevas realidades, ocultas tras noches pardas de mucha ausencia, de pocas palabras.
Una vez más, la oscuridad sale a mi rescate y retira el yugo que me encorva, que permitía a mis ojos escoltar mi andar y llevar el peso heredado y exacerbado de mis pecados.
Hoy descanso, a la sombra de un rebosante manzano que me alimenta con sus frutos…al rato, a paso lento, abandono este infierno.
Enciendo un cigarrillo a mitad del tiempo y espero… mientras un dedo incansable, juega con la muerte y nuestras más terribles realidades beben y bailan bajo el fuego.
Mis arrugas lo dicen todo; mis pies sobornaron al tiempo y este los dejó andar con el viento, les dijo que eran libres que no tenían culpa de haber andado sobre la verdad de los corales y las incompresibles espinas de los campos, mientras el cielo rebosaba de agua entre las estrellas.
Soy el capitán de mis pesadillas,
He cabalgado estrepitoso sobre fuertes serenos y perfectas tormentas de tu mirar, y parto a altamar, con el céfiro levantando su mano al olvido.
Hoy puede ser el fin, o tal vez el comienzo de otro despertar abstracto,
Sin la gloria de los redimidos por la luz, sin valquirias que rescaten en lo profundo de la noche, los desechos de la borrasca…
Qué puedo hacer, mis días malos preceden a los buenos días y estos no ayudan a consolar mi melancolía; hoy fue un día para recordar; al borde del barranco, siento que cada vez que escribo, la muerte me incentiva a dar el salto, despertando en mí, la agonía suicida de un último deseo.
Cansado y sumiso, la esperanza toca mi espalda y el temor me hace seguir adelante sin voltear y voy en busca de nuevas realidades, ocultas tras noches pardas de mucha ausencia, de pocas palabras.
Una vez más, la oscuridad sale a mi rescate y retira el yugo que me encorva, que permitía a mis ojos escoltar mi andar y llevar el peso heredado y exacerbado de mis pecados.
Hoy descanso, a la sombra de un rebosante manzano que me alimenta con sus frutos…al rato, a paso lento, abandono este infierno.