XXXV ¿Puede acaso la lluvia al escampar...?

Ronald Bonilla Carvajal

Poeta recién llegado


¿Puede acaso la lluvia al escampar
atardecer con mis poros
otra vez en la rotunda soledad?

Íbamos a develar nuestros sueños
sobre las baldosas dormidas,
a emprender nuevos árboles;
yo extendería tu piel
a lo largo de tanta cavidad del alma.

Tú harías un cuenco con tus manos levísimas
para apurar prístinas gotas
que a morir se resisten.

Íbamos bajo la lluvia y su teclado
de amparos y siluetas
a desgastar tanta locura;
la lujuria de horas que inventamos
apenas fueron ventanas resquebrajándose.
Cuando te besé la mirada, ¿lo recuerdas?,
también fue tu labio el ancla mía,
¿por qué se ahogaron los maderos de tu cielo y el mío?

¿Por qué tanta cicatriz
que no nos pertenece
se nos abre y enciende
la lastimada oquedad de nuestro abrazo ciego?
¿Por qué somos los otros, la distancia,
no la pujanza del beso abriendo claridades?
¿Por qué no corresponde este loco que ama
con quien te toma el equipaje
y de la mano
va diciendo cotidiano sus temores,
en ese regreso de tu piel
ahora dorada?

Pero si íbamos
a debatir en el espacio
un tiempo para el amor
desde el presente,
un azul para esas palabras
negándose a morir.

De mi libro DESPUÉS DE SOÑARTE,
Editorial de la Uned, 2008
 
Última edición:
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¿Puede acaso la lluvia al escampar
atardecer con mis poros
otra vez en la rotunda soledad?

Íbamos a develar nuestros sueños
sobre las baldosas dormidas,
a emprender nuevos árboles;
yo extendería tu piel
a lo largo de tanta cavidad del alma.

Tú harías un cuenco con tus manos levísimas
para apurar prístinas gotas
que a morir se resisten.

Íbamos bajo la lluvia y su teclado
de amparos y siluetas
a desgastar tanta locura;
la lujuria de horas que inventamos
apenas fueron ventanas resquebrajándose.
Cuando te besé la mirada, ¿lo recuerdas?,
también fue tu labio el ancla mía,
¿por qué se ahogaron los maderos de tu cielo y el mío?

¿Por qué tanta cicatriz
que no nos pertenece
se nos abre y enciende
la lastimada oquedad de nuestro abrazo ciego?
¿Por qué somos los otros, la distancia,
no la pujanza del beso abriendo claridades?
¿Por qué no corresponde este loco que ama
con quien te toma el equipaje
y de la mano
va diciendo cotidiano sus temores,
en ese regreso de tu piel
ahora dorada?

Pero si íbamos
a debatir en el espacio
un tiempo para el amor
desde el presente,
un azul para esas palabras
negándose a morir.

De mi libro DESPUÉS DE SOÑARTE,
Editorial de la Uned, 2008
 

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