vronte
Poeta infiel al portal
Asolado día,
me acariciaste sonriente
durante la tardía primavera;
cuando finalmente a mi llegaron las noches
en que pude cerrar los ojos
mientras la luz
aún seguía aquí.
El ocre oscuro de la muerte
se volvió reposo delicioso y permanente…
así tal cual las traiciones del hermano
aclararon mi mente;
dando a luz compasión tranquila
que me lleve de la mano.
Soledad bendita,
ya nunca más volveré a temer
la ausencia de tu halo.
Negra noche,
que me acariciaste gravemente
durante el prematuro invierno;
cuando finalmente a mí llegaron los días
en que pude abrir los ojos
mientras tu sombra
aún seguía aquí.
El lila brillante de la vida
se volvió rampante deliciosa y permanente
así tal cual la fidelidad del hermano
me oscureció la mente;
abortando toda compasión tranquila.
compañía maldita,
ya nunca más volveré a buscar
la cercanía de tu halo.
Aguarda
y se testigo
de la melancolía reconciliada con la dicha;
abre los brazos ya quebrados
y permíteles asir de la cintura a las estrellas…
sonríe suavemente sin premuras;
sé testigo del amor impersonal y verdadero
disipar todas las dudas.
Yo te recibo incertidumbre;
te abrazaré con la fuerza
y te permitiré partir con ligereza
que es la ley del cielo
y el decreto de la tierra.
me acariciaste sonriente
durante la tardía primavera;
cuando finalmente a mi llegaron las noches
en que pude cerrar los ojos
mientras la luz
aún seguía aquí.
El ocre oscuro de la muerte
se volvió reposo delicioso y permanente…
así tal cual las traiciones del hermano
aclararon mi mente;
dando a luz compasión tranquila
que me lleve de la mano.
Soledad bendita,
ya nunca más volveré a temer
la ausencia de tu halo.
Negra noche,
que me acariciaste gravemente
durante el prematuro invierno;
cuando finalmente a mí llegaron los días
en que pude abrir los ojos
mientras tu sombra
aún seguía aquí.
El lila brillante de la vida
se volvió rampante deliciosa y permanente
así tal cual la fidelidad del hermano
me oscureció la mente;
abortando toda compasión tranquila.
compañía maldita,
ya nunca más volveré a buscar
la cercanía de tu halo.
Aguarda
y se testigo
de la melancolía reconciliada con la dicha;
abre los brazos ya quebrados
y permíteles asir de la cintura a las estrellas…
sonríe suavemente sin premuras;
sé testigo del amor impersonal y verdadero
disipar todas las dudas.
Yo te recibo incertidumbre;
te abrazaré con la fuerza
y te permitiré partir con ligereza
que es la ley del cielo
y el decreto de la tierra.