SHERIDAM
Poeta asiduo al portal
¡Y era yo!
Y era cada campanazo ausente de la iglesia,
y era el azul tenue de tus ojos distantes en el mar.
Y fueron los roces del viento con mi cuerpo y la sequía en mis ojos de las saladas lágrimas.
Y todo afirmaba el adiós del último suspiro de la bella madrugada,
Y fuimos juntos los clérigos,
los bardos,
los locos,
los perros,
los humanos
y los asmáticos ansiosos de sentir nuestras carnes juntas.
Quemaba en roce firme cada caricia,
cada lenguaje de dulzura,
cada palabra era falsa junto a aquello que se sentía.
Y era yo quien descubría mi cuerpo junto al tuyo dando anuncio a la llegada de la mujer que vivió atada a mí por veinte años,
¿Qué predilecta dulzura exhaló tu cuerpo al tocar el mío?
Fueron dos los momentos del acto,
Fue tu historia quien marco historia en mis huellas
y cada campanazo de la iglesia te hace recordar
y era yo quién adoro tu cuerpo,
Y soy yo quien no ha parado de soñar.
Y era cada campanazo ausente de la iglesia,
y era el azul tenue de tus ojos distantes en el mar.
Y fueron los roces del viento con mi cuerpo y la sequía en mis ojos de las saladas lágrimas.
Y todo afirmaba el adiós del último suspiro de la bella madrugada,
Y fuimos juntos los clérigos,
los bardos,
los locos,
los perros,
los humanos
y los asmáticos ansiosos de sentir nuestras carnes juntas.
Quemaba en roce firme cada caricia,
cada lenguaje de dulzura,
cada palabra era falsa junto a aquello que se sentía.
Y era yo quien descubría mi cuerpo junto al tuyo dando anuncio a la llegada de la mujer que vivió atada a mí por veinte años,
¿Qué predilecta dulzura exhaló tu cuerpo al tocar el mío?
Fueron dos los momentos del acto,
Fue tu historia quien marco historia en mis huellas
y cada campanazo de la iglesia te hace recordar
y era yo quién adoro tu cuerpo,
Y soy yo quien no ha parado de soñar.
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