Ansel Arenas
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y me les quedé mirando...
Erguida como gacela paso
la que me gustaba,
sus ojos de luna en celo
apenas rozaban la noche
dormida sobre el camino.
Salían de su piel cobriza
aromas de suave barro
del que calienta deseos;
dos ánforas de ambrosía
le saltaban del vestido
y me las quería beber
cuando apenas era un niño;
pensé… cuando sea grande
talvez me las beberé
recostado en su corpiño.
Como cachorro felino
saliendo a desperezar
los sueños, la persiguió
mi mirada y se despertó
la noche, cuando pasaba ligera,
ella nunca me miro,
pues caminaba corriendo,
y aún, yo no entendía
el sofoco de la prisa,
que le quemaba la hierba
creciendo bajo su falda;
y me quede preguntando
¿porque camina corriendo?
Ahora que no soy felino,
y la abraza el que ama,
me digo, que bella
sigue la chispa que me incendio
aquella noche
que no estaba en mi destino;
respetuoso del amor,
que en sus canas amanece,
les salude, no iban de prisa.
La lejanía que atrapa fantasmas
y cielo, disipa sus dos siluetas,
y me les quede mirando...
sentado sobre mis años
y un apenado recuerdo.
Erguida como gacela paso
la que me gustaba,
sus ojos de luna en celo
apenas rozaban la noche
dormida sobre el camino.
Salían de su piel cobriza
aromas de suave barro
del que calienta deseos;
dos ánforas de ambrosía
le saltaban del vestido
y me las quería beber
cuando apenas era un niño;
pensé… cuando sea grande
talvez me las beberé
recostado en su corpiño.
Como cachorro felino
saliendo a desperezar
los sueños, la persiguió
mi mirada y se despertó
la noche, cuando pasaba ligera,
ella nunca me miro,
pues caminaba corriendo,
y aún, yo no entendía
el sofoco de la prisa,
que le quemaba la hierba
creciendo bajo su falda;
y me quede preguntando
¿porque camina corriendo?
Ahora que no soy felino,
y la abraza el que ama,
me digo, que bella
sigue la chispa que me incendio
aquella noche
que no estaba en mi destino;
respetuoso del amor,
que en sus canas amanece,
les salude, no iban de prisa.
La lejanía que atrapa fantasmas
y cielo, disipa sus dos siluetas,
y me les quede mirando...
sentado sobre mis años
y un apenado recuerdo.
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