Y me senté a esperar...
¿Cuánto tiempo hace que espero?, no lo recuerdo. Este banco junto a los cipreses me pareció el ideal para esta espera, es un lugar apacible y solitario; aquí el silencio se hace poderoso, solo me acompaña el trino de un pajarillo errante tan desorientado como yo, que se ha posado en mi hombro. ¿Debo seguir adelante? ¿Qué me espera en el camino? ya no estoy para viajes, se me eriza el bello ante lo desconocido; podría regresar, pero siento vértigo solo de mirar la angosta y escarpada vereda por la que he subido; vista desde aquí, parece una intrépida huida hacia adelante y no paro de preguntarme: ¿cómo conseguí llegar ilesa?
Estoy tan desorientada que ya ni recuerdo a quién espero.
Cuánto hace que espero no lo sé... solo sé que el tiempo se me escapó entre las manos y me dejó aquí fría e inmóvil.
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