jorgeluis
Poeta fiel al portal
YA NO
Ya no me nublo
por los insultos,
ya no vengo por venir
para nada por ahí,
roto y pesado.
Todo empieza ahora
el pasado, pasado es,
y hoy sigue siendo hoy
todavía algo.
Ya no valgo para eso,
para más y para tanto,
ya no me tapo
ni me sé tapar,
ya no soy ese ladrón
ni aquel diablo,
que no sólo supo hacer mal.
Lo que se fue se va
alejando,
ya no cambio, para qué,
por más que insitan
de papel en el reparto,
ya no me hundo por ti,
por el qué dirán, por los agravios,
ni me columpio en lágrimas
de noches enteras llorando.
Ya no reconozco
a aquel niño tan majo,
ya no brindo con hipócritas,
ya salí escaldado,
me cansé de ser el bueno,
el feo y el malo.
Ya no me matas,
ya no te mato,
me mata el tiempo,
la manecilla del reloj
rodando.
Ya no me ladras,
ya no te ladro,
ni escondemos besos
de amor y pavesas
que hasta a la bruma
quemaron.
Ya no te alabo,
no a golpe de alma
y de Gin arrobado;
ya no te plancho
la muleta,
ni te cito de largo,
ni me hablas,
ni te hablo,
pasada la tempestad
ha escampado,
y mal que bien recuerdo
el dia que nos juramos
lealtad,
ingenuos y enamorados,
condenados a perder
todo lo que habíamos ganado.
Ya no pido,
como un mendigo
tus brazos,
rompimos de una vez,
ya no estamos en vilo,
por lo tuyo, por lo mio
por lo que fue nuestro querer.
Ya no sueño como soñé
que subo al escenario,
con mi voz de carcelario,
y arrojas un clavel a mis pies.
Pasó lo nuestro,
y sin resentimiento
alguno te diré:
que deseo tu dicha
estés con quien estés,
en el este o en el oeste,
en la luna o en el Edén,
el azar de la vida
nos separó definitivamente,
para siempre de una vez.
Ya no me nublo
por los insultos,
ya no vengo por venir
para nada por ahí,
roto y pesado.
Todo empieza ahora
el pasado, pasado es,
y hoy sigue siendo hoy
todavía algo.
Ya no valgo para eso,
para más y para tanto,
ya no me tapo
ni me sé tapar,
ya no soy ese ladrón
ni aquel diablo,
que no sólo supo hacer mal.
Lo que se fue se va
alejando,
ya no cambio, para qué,
por más que insitan
de papel en el reparto,
ya no me hundo por ti,
por el qué dirán, por los agravios,
ni me columpio en lágrimas
de noches enteras llorando.
Ya no reconozco
a aquel niño tan majo,
ya no brindo con hipócritas,
ya salí escaldado,
me cansé de ser el bueno,
el feo y el malo.
Ya no me matas,
ya no te mato,
me mata el tiempo,
la manecilla del reloj
rodando.
Ya no me ladras,
ya no te ladro,
ni escondemos besos
de amor y pavesas
que hasta a la bruma
quemaron.
Ya no te alabo,
no a golpe de alma
y de Gin arrobado;
ya no te plancho
la muleta,
ni te cito de largo,
ni me hablas,
ni te hablo,
pasada la tempestad
ha escampado,
y mal que bien recuerdo
el dia que nos juramos
lealtad,
ingenuos y enamorados,
condenados a perder
todo lo que habíamos ganado.
Ya no pido,
como un mendigo
tus brazos,
rompimos de una vez,
ya no estamos en vilo,
por lo tuyo, por lo mio
por lo que fue nuestro querer.
Ya no sueño como soñé
que subo al escenario,
con mi voz de carcelario,
y arrojas un clavel a mis pies.
Pasó lo nuestro,
y sin resentimiento
alguno te diré:
que deseo tu dicha
estés con quien estés,
en el este o en el oeste,
en la luna o en el Edén,
el azar de la vida
nos separó definitivamente,
para siempre de una vez.