Alberto J. Pacheco Buezo
Poeta recién llegado
Me soy mi propia sombra,
Pues oculto de mí camino la propia luz que me irradia;
Así como soy los pasos oscuros de los vicios
que entorpecen mi andar y me defenestran en alguna calle olvidada.
Yo me soy el amante que te busca a las salidas de tu esposo,
mismo que habla de moral escapando con mí hermana,
Mientras se nos apagan las velas porque ha salido el sol,
cuando dudo que Dios alguno lo haya hecho hace un infinito.
Me soy el único responsable de no querer saltar la ladera,
De no haber aprendido a leer las malas noticias
Ni entender el idioma de la comprensión,
ni la física de la sociabilidad.
Yo me soy el arquitecto de la catedral de
mis cigarrillos fumados, solo,
aquel que me enseñó a no usar la etiqueta,
el que le dijeron que aprobaron el aborto y le dio igual
que dos homo-géneros se casan y solo va a la boda a beber.
Pero todas estas cosas le dan igual,
Huesos encapsulados intracarnes se hallan,
y a la luz surgirán cuando se me vaya la vida,
al igual que quien fue luz toda su vida,
así mismo que los que fueron intrépidos
del mismo modo que quien en un Dios ha creído,
igual que la persona empática y comprensiva,
que quien se cuidó los pulmones y los hígados,
Y aquella persona que preservó las vidas de los “Si-natos”
mientras defendía el amor de dos humanos.
Loables pensamientos que no nos preservan de morir,
Y puesto que es inevitable el expirar,
No me importa.
Pues oculto de mí camino la propia luz que me irradia;
Así como soy los pasos oscuros de los vicios
que entorpecen mi andar y me defenestran en alguna calle olvidada.
Yo me soy el amante que te busca a las salidas de tu esposo,
mismo que habla de moral escapando con mí hermana,
Mientras se nos apagan las velas porque ha salido el sol,
cuando dudo que Dios alguno lo haya hecho hace un infinito.
Me soy el único responsable de no querer saltar la ladera,
De no haber aprendido a leer las malas noticias
Ni entender el idioma de la comprensión,
ni la física de la sociabilidad.
Yo me soy el arquitecto de la catedral de
mis cigarrillos fumados, solo,
aquel que me enseñó a no usar la etiqueta,
el que le dijeron que aprobaron el aborto y le dio igual
que dos homo-géneros se casan y solo va a la boda a beber.
Pero todas estas cosas le dan igual,
Huesos encapsulados intracarnes se hallan,
y a la luz surgirán cuando se me vaya la vida,
al igual que quien fue luz toda su vida,
así mismo que los que fueron intrépidos
del mismo modo que quien en un Dios ha creído,
igual que la persona empática y comprensiva,
que quien se cuidó los pulmones y los hígados,
Y aquella persona que preservó las vidas de los “Si-natos”
mientras defendía el amor de dos humanos.
Loables pensamientos que no nos preservan de morir,
Y puesto que es inevitable el expirar,
No me importa.