Yo soy todo esto.

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YO SOY TODO ESTO.

Yo no soy estas manos,
ni estos ojos tristes
que se quedan horas mirando llover
hora tras hora
náufragos del agua
de esta lluvia
en esta tarde
que se hace noche,
en esta tarde
que es un puerto abierto
a la noche,
en esta tarde
que es noche ya
sobre todas las cosas,
cosas
que nombro como si fuera un niño:
y si digo árbol,
y digo casa,
y si digo pájaro,
y digo grillo,
las nombro
seguro de su magia
para que vivan en mí;
como un niño,
y el árbol ya no es árbol
sino que es ausencia indescifrable,
una oscura corteza de lejanos sueños,
y otros lugares,
y otros mundos,
y otros reinos,
llegan a mi boca,
llegan a mi boca como promesas dulces,
como besos de tu boca
que calman mi sed,
sed que no puede calmar
toda el agua
de toda esta lluvia,
esta lluvia
que taladra las chapas de zinc
y se cala en los huesos solos de pensarte
en la estepa abandonada de mis brazos
anocheciéndose
sin ti.
Yo no soy este cuerpo
que es un títere de arcilla
en la espátula del tiempo,
ni este corazón
que un día trato de ser
dueño del viento,
ni esta voz
que se apaga en la vela
que enciende la esperanza,
ni esta esperanza soy.



Yo soy todo esto que te extraña.



Gustavo Cavicchia.
2015.
 

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Última edición:
Muy grato.
Sin duda estoy aprendiendo mucho de todos los que aqui participan.
en tu caso; pausado, profundo y cándido.

excelente expresión.

felicidades.
 
(Por si acaso a quienes no han pinchado sobre la bocina, haganlo)...es uno de los poemas de amor más entrañables desde la perspectiva de lo que sentimos hacia el otro leidos por mí en esta página.

Vuelvo a felicitarte Gus, sos un poeta de todos los vocabularios y te admiro.
 
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YO SOY TODO ESTO.

Yo no soy estas manos,
ni estos ojos tristes
que se quedan horas mirando llover
hora tras hora
náufragos del agua
de esta lluvia
en esta tarde
que se hace noche,
en esta tarde
que es un puerto abierto
a la noche,
en esta tarde
que es noche ya
sobre todas las cosas,
cosas
que nombro como si fuera un niño:
y si digo árbol,
y digo casa,
y si digo pájaro,
y digo grillo,
las nombro
seguro de su magia
para que vivan en mí;
como un niño,
y el árbol ya no es árbol
sino que es ausencia indescifrable,
una oscura corteza de lejanos sueños,
y otros lugares,
y otros mundos,
y otros reinos,
llegan a mi boca,
llegan a mi boca como promesas dulces,
como besos de tu boca
que calman mi sed,
sed que no puede calmar
toda el agua
de toda esta lluvia,
esta lluvia
que taladra las chapas de zinc
y se cala en los huesos solos de pensarte
en la estepa abandonada de mis brazos
anocheciéndose
sin ti.
Yo no soy este cuerpo
que es un títere de arcilla
en la espátula del tiempo,
ni este corazón
que un día trato de ser
dueño del viento,
ni esta voz
que se apaga en la vela
que enciende la esperanza,
ni esta esperanza soy.



Yo soy todo esto que te extraña.



Gustavo Cavicchia.
2015.
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