Francisco Guardado
Poeta fiel al portal
Llevas a tus espaldas
el yugo de la vida,
el yugo de la muerte.
Abnegada por ley,
¡Oh, madre poderosa!
que sufres en tus carnes
desprecios y deshonras.
¡Oh, madre comprensiva!
¡Oh, madre sufridora!
¡Oh, madre si supieran
lo que callas y lloras!
Para el templo de la vida,
tú, columna salomónica.
Hay más amor en tus ojos
que en ninguna otra cosa.
A la vista de quién sabe,
mereces ser reina mora.
¡Oh, madre de flores púrpuras,
madre de todas las rosas!
el yugo de la vida,
el yugo de la muerte.
Abnegada por ley,
¡Oh, madre poderosa!
que sufres en tus carnes
desprecios y deshonras.
¡Oh, madre comprensiva!
¡Oh, madre sufridora!
¡Oh, madre si supieran
lo que callas y lloras!
Para el templo de la vida,
tú, columna salomónica.
Hay más amor en tus ojos
que en ninguna otra cosa.
A la vista de quién sabe,
mereces ser reina mora.
¡Oh, madre de flores púrpuras,
madre de todas las rosas!