Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Arañas meciéndose en mi cama,
delfines que bailan por el cielo,
buitres ajustándose un traje de dama
mientras que observan a un pobre ciervo.
Tiburones cenando con un buen vino en la mesa,
perros que parecen extraviados,
serpientes que conversan de forma amena
y dos ratones que juegan con los gatos.
Mariposas que se cansaron de volar,
tres palomas que se creyeron astronautas,
tortugas que se sienten amas del mar
y unos grillos con ganas de cantar serenatas.
Y yo que soy el más triste tragafuegos
de este zoológico que abre puertas sin pensar
que las cosas que se aman duran menos
que las cosas que no quisimos comenzar.
La liebre que en un sprint cruzó de primero la meta,
la gaviota que nunca fue a la playa,
el lobo que juega damas chinas con las ovejas
y el perezoso que grita ¡basta!.
El león que le dio su reino a la gallina,
el colibrí que hoy a fue a cenar faisán,
el tigre con una fobia a la comida
y la hormiga que no quiere trabajar.
Y yo que soy el más triste cantinero
de este zoológico que hoy vuelve a cerrar,
es cierto eso de que amar duele menos
que la muerte de nunca poder amar.
delfines que bailan por el cielo,
buitres ajustándose un traje de dama
mientras que observan a un pobre ciervo.
Tiburones cenando con un buen vino en la mesa,
perros que parecen extraviados,
serpientes que conversan de forma amena
y dos ratones que juegan con los gatos.
Mariposas que se cansaron de volar,
tres palomas que se creyeron astronautas,
tortugas que se sienten amas del mar
y unos grillos con ganas de cantar serenatas.
Y yo que soy el más triste tragafuegos
de este zoológico que abre puertas sin pensar
que las cosas que se aman duran menos
que las cosas que no quisimos comenzar.
La liebre que en un sprint cruzó de primero la meta,
la gaviota que nunca fue a la playa,
el lobo que juega damas chinas con las ovejas
y el perezoso que grita ¡basta!.
El león que le dio su reino a la gallina,
el colibrí que hoy a fue a cenar faisán,
el tigre con una fobia a la comida
y la hormiga que no quiere trabajar.
Y yo que soy el más triste cantinero
de este zoológico que hoy vuelve a cerrar,
es cierto eso de que amar duele menos
que la muerte de nunca poder amar.