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Querida, ¿cuántas
veces te lo
he dicho?
Ya perdí la cuenta;
espero que una
última vez
no cause molestias
hacia tu persona.
De todas maneras,
no creo que leas esto;
y si lo llegas a leer,
nunca fue mi intención
llegar a incomodarte.
Pero...
hoy fue otro día miserable,
muy, pero muy
miserable.
Y...
Ella y yo
estábamos tan
acostumbrados
a la nostalgia
y a permitirnos
guardarnos palabras,
que cada vez
que sucedía una despedida,
suspirábamos cada vez
menos.
Por la ya tan desagradable
costumbre
de llorar
cuando eso sucedía,
pero ya nosotros
éramos monótonos
a eso...
a morir en silencio.
Tanto...