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En lo sinuoso y en el atrevimiento se mide el temple
de la incertidumbre; nunca sabrás de la sílaba donde
crecen los istmos del frenesí, tampoco de la savia
que en el corazón del árbol fluye...
Por el espacio en celdas se cuela
el hedor necroso de los huéspedes;
parásitos lamiendo las paredes
buscando flores aún por quien recelan.
Vísceras ornamentan los pasillos,
rojo carmesí, por sus...
Llorándole al vacío,
las ventiscas de negro hastío,
no mueren,
viven en las sombras,
aquellas sentencias de completo dolor,
acechan a entes desahuciados,
que vagan por la curvatura del...
.
Burbujas...
Creo se llaman,
son esferas frágiles
qué flotan lejos
unas explotan en el vuelo
y otras aterrizan para luego
estallar en el asfalto.
Yo las he visto nacer de tus ojos...
Recuerdo que, durante los primeros años en los que el medio ambiente y su mantenimiento se puso de moda, fue cuando me nombraron como director e ingeniero jefe del departamento encargado del...
Soñé en un lugar, que podía ver desde mi ventana, donde las gotas de lluvia bailaban divertidas la danza del otoño, atentas al latir de esas almas errantes que, por despistadas, por allí pasaban...
Escuchó a los gansos salvajes en el bosque de bambú. Son éstas, aves que, según dicen, perdonan todo lo que uno, siempre creyó era así. Lo cierto es que, tras regresar a casa, sintió ser invadido...
Hundido en el sueño,
el ritmo de mis caricias
perdió el paso sobre tu piel,
por culpa de la inesperada aparición
de esa geometría corpórea que
la lentitud a veces tiene, y que se
estira al...
Y lloverá el álbum de la luz en tus tobillos
donde la sombra escribe nubes que viajan
por los rieles de la lentitud.
Ahora que el viento sabe nombrar las esquinas
que dibujan la corpórea sed de...
Es cuando las luces descalzas
comienzan su caracoleo entre
el crepúsculo y las
grietas del mar.
Allí, se apagan torpes sus
últimos rescoldos que,
parecen tan débiles, que
muchos creen que...
Murió la flor por esa vaga ansiedad que,
siempre llevo dentro de mí, y que jamás
da la mínima oportunidad a que, el
mirar de mis ojos, roce su aroma; y que
tampoco, el temblor de mis manos...