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Me sigue una presencia,
Un látigo inquisitivo que nada tiene de curioso
En lo primitivo huye en risa de hiena,
El animal insigne de la locura y este existencialismo prehistórico.
Tiene su tierno pesar acurrucado bajo mis costillas
Hizo un nido de arañas,
Pequeños cataclismos
Es quién no...
Qué gentil y transversal.
La joya del gatillo,
la infame mujer llevada en carroza.
Huérfana,
mirada acuchillada observando las gotas de lluvia deslizándose por las ventanas.
¿Pero qué realmente observa esa mirada?
No hay para que culpar a las aguas.
O al vapor exhalado del liquido...