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Angelica,
tu nombre llaman mis labios.
Pequeña mía
de dulces latidos,
te escribo mi canto con amor
que nace de mi paz.
Esa paz que me das
cuando nace el sol
y cuando eres flor,
las mismas que te encantan
cuando corres por las montañas altas.
Cuando naciste,
me olvidé del llorar,
pues vida...
Desafiando la línea que sobrepasa al cielo
me perdí.
No entendía dónde se hallaba
la música de las estrellas,
ni las alas blancas de mi angelical
ángel.
Preferí decirte que
mi caída era en picada,
siendo mi pensamiento contradictorio
de volar.
Así que,
decidí anochecer
para que nadie se...
Mi mano cubierta de luto
ha escondido su mirada,
la pluma enemiga escribe
el poema triste de esta llamada.
Se esconde la frase total difunta
en el cajón blanco y negro
de domesticar con las riendas,
el galopar del morir.
Llámame y ámame
mano blanca
que habita en su guante de negro de...
Son tus besos tristes alegrías mías,
lumbre de sinceridad conjugada mediante labios
de brillos que dicen palabras
en mis recuerdos.
Se quedaron estos besos allí
entre la agónica marejada de emociones
matizados en simpleza asesina
del triste amante.
No, ya no hago parte del ambiente,
las...
Pecado de seguro es amarte,
cual castigo eterno
que me obliga a mirar solamente
por la ventana de la lejanía
impartiendo las sobras de mi existencia
al aire filtrado de llanto.
Desde Valle Hermoso
hasta Reynosa perseguí tus pasos
siendo mi lapidario castigo
un suplicio de no...
Es la tristeza mía la que te ama
y nunca muere en llanto,
ya que presa de los alabastros
es mi nardo perfumado
en este sentir herido.
Te ama mi tristeza
adagio mío
y nada más que mío.
De libertad esquiva
que me ha costado el silencio
en el morir.
Corre imparable
al temblor de mis labios...