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Viendo entradas en la categoría: prosa infantil

  • Edith Elvira Colqui Rojas

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    El duendecillo Amilkar, era un duende muy travieso.
    Le gustaba internarse en el colorido bosque y perseguir mariposas y coger margaritas.

    Sus padres le dijeron: "Amilkar no te vayas muy lejos de casa", pero él despreocupado, al lejano bosque se ha escapado. Conversa con los caracoles y le hace bromas a las ranas. Es un duende divertido y de todo saca una gracia. Pero no sospecha que unos duendes malos lo acechan, tramando quitarle sus piedras preciosas que lleva en sus alforjas.

    Es entonces que uno se le abalanza y el otro duende malo se apodera de sus perlas finas y luego huyen muy ligeros los canallas.

    Amilkar queda triste y desolado, no sabe cómo contará a sus padres que sus piedras preciosa que le dieron para que las guarde ya no están en su alforja., Acongojado llora toda la tarde sentado en una piedra y se queda dormido hasta que una hada buena con su varita lo despierta: "Amilkar con tus llantos me has llamado y presurosa he venido"

    Amilkar muy asustado no puede creer lo que ve, ¡Un hada de cuentos frente a él! y le pregunta: "Hada bonita que te trae por aquí", el hada sonriente le responde: "he venido a calmar tu pena devolviéndote tus joyas pero antes debes prometer, nunca más desobedecer a tus padres en esta tierra"

    Amilkar acepta su propuesta y en el acto el hada hizo aparecer una bolsa con sus joyas idénticas a las que se llevaron los duendes malvados y loco de alegría abraza al hada y toca su flauta volando muy alegre por todo el bosque.

    Luego de despedirse del hada, regresa a su casa y al llegar a ella, besa la frente de su madre y a su padre abraza y promete nunca más alejarse de su casa.

    Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos reservados





  • Edith Elvira Colqui Rojas
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    Érase una vez una princesa que tenía todos los lujos de palacio pero que se sentía muy triste. Pues, había dejado de ser niña y necesitaba alguien a quién amar.

    Todas las noches salía su balcón a mirar las estrellas y la luna. Pero un día, se le apareció una malvada bruja que le dijo que si la seguía le presentaría un príncipe apuesto. La muy incauta le hizo caso a la bruja y esta la llevó al profundo bosque y le enseñó su casa llena de telarañas y con muchos murciélagos revoloteando y muy desaseada, por lo que la princesa Misti le dijo: Bruja, ¿aquí en esta casa sucia vive le príncipe?

    . Y la bruja le respondió: No hijita el príncipe estaba aquí hace una media hora ya se fue pero debes dormir aquí conmigo un día para que lo puedas ver mañana tempranito.

    La princesa creyendo en ella, se acostó muy contenta, en una cama que la bruja le había preparado, porque pensaba ver a su príncipe al levantarse. Pero al día siguiente apareció en una jaula y en vano fuero los gritos que lanzó para huir pues nadie la oía en ese inmenso bosque Y la bruja le dijo: Muchacha ilusa cómo se te ocurre encontrar un príncipe en este bosque tan inmenso y olvidado. Y la princesa le dijo: Bruja malvada me engañaste. Y la bruja le replicó: Qué tonta eres niña, ja, ja, ja, ja, ja...

    -¿Qué harás conmigo?- le preguntó

    -Te daré de comer, te engordaré luego haré contigo una sopa y moleré tus huesos que combinado con mis pócimas mágicas me devolverán la juventud y belleza.

    La pobre princesa al oír esto se desmayó.

    Por otro lado, los padres de la princesa ordenaron a sus súbditos la busquen por todo el bosque, y así fue, hasta que encontraron la cabaña de la bruja y al ver por la ventana que la bruja dormía, rescataron a la princesa, y luego, uno de los vasallos le clavó una lanza en la barriga de la bruja y al instante ella desapareció de aquél lugar.
    Muy asustados corrieron con la princesa y se la devolvieron a sus padres, no sin antes aconsejarles que tuvieran cuidado ya que la bruja podría volver, pues había desaparecido.

    La princesita prometió a sus padres, esperar con paciencia a su príncipe adorado y se dedicó a gobernar a su pueblo junto con sus padres.




    Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos reservados/ copyright ©
  • Edith Elvira Colqui Rojas
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    Era el mes de Septiembre y llegaba la primavera con sus hermosas flores y mariposas hermosas.

    Marianita Flores, una linda niña de ocho años, estaba ilusionada, quería ver el cielo azul, los verdes campos, correr tras las mariposas; pero su madrastra no la dejaba:
    -No mi niña, eres muy delicada, tu delicada piel el sol no soportará.


    Además, para que quieres salir al campo, si tus piernas no te responden y en vano saldrás porque no disfrutarás y al ver a los demás niños correr más pena te dará.

    -¡No mi niña eso no es para ti, mejor échate a dormir!

    -Pero yo quiero salir señora Elena. Me gusta sentir el sol. Ver a los demás jugar y a las maripositas ver de colores de flor en flor saltar.

    -¡Que no, te he dicho mi niña!, Pues, luego te pasa algo y tu padre a mí me reclamará.


    Decepcionada y ante la negativa de su tutora Marianita se echa a llorar y de tanto llorar se queda dormida.

    En sus sueños un Hada buena con cara de su madre fallecida le dice: Hijita sé que te gusta la primavera y quieres ver a los niños jugar, que te gustan las flores y también los pájaros y mariposas ver volar.

    Bien amada hijita yo te haré crecer unas alitas y por la ventana volarás y al campo cercano irás. Jugarás a más no poder y en la tarde a tu camita volverás.

    Marianita asombrada vio cómo le crecían alitas en la espalda y ni corta ni perezosa las extendió y salió por la ventana, no sin antes agradecer a su madrecita y besarle las manos y frente.

    Marinita asombrada veía cómo se batían sus delicadas alas y acercándose al campo, vio un jardín lleno de rosales. Cogió una rosa la aspiró y se sintió complacida, luego fue a ver a los niños como jugaban con pelotas de trapo y las niñas correteaban mariposas y ella se fue con ellas porque las alitas le ayudaban.

    ¡Al fin ya no estaría atada a esa silla de ruedas que le incomodaban tanto!
    Sí, ya podía disfrutar y correr como los demás niños.


    Y así disfrutó mucho ese día de primavera jugando con las mariposas y las niñas.

    Ya en la tarde regresó a su cuarto y se recostó en su cama satisfecha.

    Al día siguiente despertó, se sentó en su sillita de ruedas y pensaba si eso en realidad, si había ocurrido o era un bello sueño. Pero se quedó asombrada cuando encontró en su mesita de noche una rosa rosada

    (igual como la que vio esa tarde)

    - Seguramente mi madre la dejó aquí (Pensó muy contenta)
    Y desde ese día nunca más se sintió sola, y cada primavera en lugar de estar tan triste ella estaba muy feliz,
    y su padre y madre sustituta se asombraban de ello.



    Autora: Edith Elvira Colqui Rojas - Perú Derechos reservados
    copyright ©


  • Edith Elvira Colqui Rojas
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    Aquél viejo arcón me trae a la memoria, los juegos infantiles de antaño, llenos de magia y emoción.
    Nuestro abuelo, lo había dejado como legado a mi padre, y lo había colocado en el patio, donde guardábamos las cosas añejas.
    Nosotros lo usábamos todas las tardes, inventando historias diversas, con el mágico vuelo de nuestras fantasía infantil.
    Sacábamos todo lo que traía dentro: Osos de peluches, zapatos usados, libros viejos, etc.
    Luego ingresamos a sus arcas sacándonos los zapatos, para que papá no sintiera , cuando nos metíamos dentro de su baúl.
    Unas veces éramos hábiles marineros escondiéndose de los piratas, y otras veces éramos náufragos que no queríamos ser descubiertos por tribus de caníbales hambrientos y otras, huíamos despavoridos de los indios.
    Mi hermana María de ocho años era mi cómplice de aventuras.
    Ella hacía todo lo que yo le indicaba, yo era el jefe de las aventuras disparatadas, mis diez años, me daban el privilegio de dirigir los juegos.

    ¡Vienen los indios con sus flechas a escondernos al baúl María! y ella sin zapatos, al baúl corriendo se metía. ¡María una legión de piratas tomó nuestro barco, huyamos al baúl para protegernos, miremos solo de reojo, pueden regresar y nos descubran¡ Y María obediente, se metía al dichoso baúl y miraba sólo de reojo, muy asustada¡ ¡Era tan dulce mi hermana!

    Recuerdo que la última vez inventamos que el baúl estaba lleno de tesoros, que los piratas se habían olvidado.María estaba tan contenta que desde el baúl vigilaba que no se acercara nadie a robarle sus tesoros.Decía "Con estas alhajas me compraré muñecas, un carro para que papá vaya al trabajo, y una cocina nueva para mamá y tú ¿Qué quieres hermanito?" Yo la miraba contento, me gustaba verla tan feliz, entre tesoros imaginarios.

    Y ahora yo, ya casado, he vuelto a ese patio y al ver el viejo baúl, me ha embargado la nostalgia al recordar mis juegos infantiles junto a mi querida hermana. Ella hoy está en el extranjero, pero su corazón, estoy seguro, se quedó aquí, conmigo, y con este baúl, en el que tantos recuerdos y aventuras, juntos vivimos...

    *Autora: Edith Elvira Colqui Rojas - Perú- DRA.
    A nelida moni le gusta esto.
  • Edith Elvira Colqui Rojas
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    Érase una vez una linda hada que le gustaba entonar cantos con su guitarra.
    Un día de verano, recostada en la verde hierba, cantaba y cantaba sus lindas tonadas y de pronto observó que de su guitarra un humo salía y se divisaba la cara de un duende verde, entonces le preguntó ¿Quién eres extraña criatura? A lo que el duende respondió: "Soy el duende de la guitarra encantada"
    El hada se quedó asombrada por lo que el duende le dijo: "No tengas miedo, te cumpliré tus deseos si me cantas las tonadas que me gusten" Y cada que le cantaba una tonada el hada veía bailar al duende y reír a carcajadas, y aprovechó para pedirle un su deseo más preciado, el convertirse en un ser humano, pero el duende le dijo que ella había nacido para hada y que allí no podía hacer nada. Entonces le dijo que le diera todo el oro del mundo y el duende en el acto hizo aparecer mucho dinero, joyas y rubíes. Y el hada ya no trabajada, pues con el oro y rubíes tenía para todo lo que necesitaba y sólo cantaba y cantaba sus tonadas con su guitarra encantada, y el duende bailaba y bailaba contento entre tonada y tonada...

    *Autora: Edith Evira Colqui Rojas - Perú-
    (Derechos reservados)


    A ti, JJM y nelida moni les gusta esto.
  • Edith Elvira Colqui Rojas
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    Había una vez un hada hermosa, que le gustaba pasearse entre las flores. De hecho, dormía en una flor rosada. En la mañana despertaba contenta y se ponía a volar entre las flores, con sus amigas las mariposas y las abejas.

    Un día acordaron bailar en el bosque, todas al ritmo del violín del duende verde, y bailaron y bailaron muy hermosas.

    El hada pequeña estaba encantada. Eran su vida las flores y las plantas de todo tipo, y con sus amigas abejas y mariposas, ¡Qué feliz se sentía!, ¡Cómo danzaba como experta bailarina¡

    y las mariposas y abejas le seguían el ritmo, moviendo sus alitas coloridas.
    Las flores, al verlas tan felices, se contagiaron, y también bailaron al ritmo del viento, moviendo sus pétalos delicados.
    Los pajaritos emocionados,
    entonaron sus mejores cantos, y era tanta la dicha, que el bosque terminó en total algarabía que parecía un concierto de danzas y cantos.


    ¡Qué día tan bello pasó nuestra bella hada! Y al hacerse de noche, volvió otra vez a su flor, a dormirse muy contenta.

    **Autora: Edith Elvira Colqui Rojas - Perú- derechos registrados