Qué poco tengo, Cuba,
para todo lo que me has dado.
Trovas y boleros, orgullo y resistencia.
La rosa blanca de junio y enero,
el abril en la camisa,
la dama bajo el sombrero
y espacio que no ocupa su brevedad.
Qué poco cabe en esta caja, Cuba,
para tanto que me has dado.
Lezama, Piñero, Avellaneda y Guillén.
Reynaldo Arenas,
Gastón Baquero, también.
La Matancera, el Buena Vista,
Omara, Compay, Ibrahim.
Nicola, Varela, Silvio y Pablo.
La antorcha del Granma por lo alto,
y Veracruz —y el mundo— iluminado.
El mundo en llamas, como nunca, hoy,
y como siempre, en revolución,
isla-balsa navegando el universo
que contigo ahora está a oscuras.
Qué poco tengo, Cuba,
para tanta alegría que me has dado.
Me sobra corazón
pero me falta leche en polvo.
¿Cuántos niños de pecho tienes?
¿Cuántos niños, cuántas madres?
Ojalá llorara arroz y no impotencia.
Ojalá escribiera trigo o medicinas
por toneladas en cada línea
y no recuerdos, menos palabras.
O al menos una, la última, la de siempre:
esperanza, mi amada Cuba.