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Katia N. Barillas · · 0 comentarios Reflexiones
EL FLAGELO DE LA MISOGINIA
©Katia N. Barillas

Sostengo en mi creencia de que las mujeres que nacimos gozando de libertad al otro lado del mundo, debemos estar agradecidas por siempre con Dios y con la vida, por no padecer injusticias y desigualdades que son el resultado de la involución loca y patriarcal de la "suciedad" humana.

La relación entre libertad y felicidad ha sido una de las preguntas centrales de la filosofía, la psicología y la ética y aunque no existe una única respuesta, varios enfoques sólidos muestran que ambos conceptos pueden estar profundamente conectados.

Es retrógrado e inusual que, en algunos sitios del planeta, las mujeres sean victimizadas, denigradas, avasalladas y "ningunneadas" por individuos enfermos que, a conveniencia y por placer, se creen superiores a las féminas.

La libertad es una condición para la felicidad, porque nos permite elegir, crear, decidir y vivir de acuerdo con lo que uno valora. Sin libertad, la felicidad se fragiliza… se vuelve completamente incompleta.

La libertad nos da autonomía porque es uno de los tres pilares del bienestar y esto lo vemos en la “Teoría de la autodeterminación”. Sentir que podemos decidir y tener control de lo que hemos logrado en la vida, nos eleva los niveles de serotonina, conocida como la hormona de la felicidad, porque se nos activan los neurotransmisores y se nos regula el estado de ánimo, el sueño, el apetito, la digestión y la coagulación sanguínea. Mientras que, la falta de libertad que en su conjunto encierra el control excesivo, la presión social, el miedo y la dependencia emocional -entre otros- genera ansiedad, frustración y sensación de vacío.

Creo que la libertad es la posibilidad que tenemos de elegir el camino que nos ayude a aumentar la sensación de bienestar; creo que la libertad nos da autenticidad, porque ser uno mismo, sin máscaras ni imposiciones, genera satisfacción a la máxima expresión; por tanto, yo creo en la libertad, porque para mí significa ausencia total de opresión… de vivir aterrorizados, sin coerción ni control externo; porque es así como quienes nacimos y hemos tenido la suerte de hacer vida del lado benéfico del mundo, experimentamos y disfrutamos plenamente de esa ilusión a la que hemos llamado existencia.

Dijo el filósofo ruso, Inmanuel Kant: “la felicidad sin libertad sería solo placer, no realización”.
Y es que en pleno siglo XXI, estamos retrocediendo a la edad de piedra. La misoginia al otro lado del planeta está alcanzando niveles de despotismo; de ignominia… que es la vergüenza profunda que acompaña a la deshonra, a la pérdida de la dignidad, al deshonor público y, a la humillación grave, que son las principales causas de una de las enfermedades incurables que todos ocultamos pero que sabemos que existe… me refiero a la pena moral; y no puedo dejar de mencionar los niveles de escarnio propio de los misóginos, de quienes odian a las mujeres… estos individuos son polinizadores que llevan -a través del aire que expelen- el desprecio activo, la ridiculización y la burla que hiere y degrada; el abuso está descontrolado y es tal que, haber nacido mujer en Oriente Medio, es un crimen atroz. A mí me estresa imaginar lo que debe de pasar por la mente de una mujer al quedar encinta y darse cuenta de que parirá una hembra… ¡uy!, me da terror.

Los hombres de por aquellos lados, no valoran ni a la madre que los parió. No sé qué harían si tuvieran de gobernante a una hembra, como suele suceder de este lado del orbe, donde las mujeres hemos demostrado que nuestras capacidades cognitivas van más allá de las suposiciones retrógradas de los victimarios esclavistas de nuestro género; pero, así actúan los que tienen miedo de perder el poder... lo único que les queda es la imposición, el látigo, la tortura y la fuerza.

Pidamos a Dios que tenga misericordia de nuestras congéneres que no tienen la dicha de gozar de libertad. Porque la libertad no es solo una idea bonita o un concepto filosófico inventado porque sí; la libertad es la columna vertebral de nuestra dignidad como personas y está consagrada en la "Declaración Universal de los Derechos Humanos del año 1948"; y, asimismo, en su parte toral establece que todos nacemos libres e iguales... en otras silvestres palabras y, aterrizándolo un poco más, la libertad no es una "masa" única, sino un conjunto de dimensiones que nos permiten ser quienes somos.

Además, la libertad es multifacética:

La libertad civil, nos dice que tenemos derecho a la vida, a la seguridad y a no ser sometidos a esclavitud ni tortura.

La libertad de pensamiento nos dice que tenemos derecho a la facultad de creer en lo que queramos y, si nos da la regalada y santa gana, a no creer en nada; y, de igual manera nos dice, que podemos expresar nuestras ideas sin miedo a represalias de ningún tipo.

La libertad de movimiento nos dice que tenemos derecho a circular libremente y a elegir dónde deseamos vivir.

La libertad política, nos dice que tenemos la capacidad de participar en el destino de nuestras comunidades y que, además, tenemos el derecho de participar en la elección de sus representantes.

Mas muchos todavía nos preguntamos este matiz importante: la libertad... ¿es absoluta? Y aquí es donde la cosa se pone interesante. Como dice el viejo adagio: "mi libertad termina donde empieza la del otro"; por tanto, la libertad conlleva una responsabilidad ética. No es el derecho de hacer cualquier cosa, sino el derecho de actuar dentro de un marco que respete la existencia y los derechos de los demás; como dijo don Benito Juárez (quien fue presidente de México) en una de sus máximas más célebres, pronunciadas el 15 de julio de 1867:

"Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz".

Y esta, no fue una frase dicha al azar; la expresó en su manifiesto a la nación tras el triunfo de la República, marcando el fin de la intervención francesa y del imperio de Maximiliano de Habsburgo.
Viéndolo desde otro ángulo... ¿qué significa realmente? Pues, aunque suena como una frasecita sencilla, encierra una filosofía política profunda que aún y a pesar de todo, sigue vigente:

Nos habla de "soberanía", porque establece que ninguna nación tiene derecho a imponer su voluntad sobre otra.

Nos habla de "convivencia social" a nivel personal, ya que nos recuerda que la armonía depende de reconocer los límites y derechos de los demás.

Nos habla de "universalidad"... Juárez la aplicó tanto a las relaciones entre las personas como a la diplomacia internacional entre los pueblos del mundo.

Entonces, desde mi propia perspectiva como ser pensante, tener libertad, no es simplemente el derecho a hacer lo que queremos, sino a tener la oportunidad de hacer lo que es correcto.
Sin libertad, los demás derechos (como la educación o el trabajo) pierden sentido, porque no tendríamos la capacidad de elegir nuestro propio camino.

Así es que, la libertad abre el espacio para construir una vida significativa; y la felicidad, es el resultado de usar esa libertad de forma auténtica, responsable y coherente con los propios valores (eso si fuimos capaces de educar y de aprender con ejemplos).

Entonces, me permito concluir en que la felicidad sin libertad siempre será frágil y, la libertad sin sentido no pasa de ser un caparazón sin huésped dentro… vacío y… vaciado de todo. Creo que estos dos conceptos juntos (libertad y felicidad) son los que forjan la vida plena y en paz que todos merecemos vivir.

Pero, viendo lo mezquina que es la humanidad, recurro y vuelvo hacer mías las palabras del rey David: ¡miserere, Señor! ¡Miserere!

Gracias.

Barillas Katia N.
Escritor Barillas Katia N.
www.katianbarillas.com
https://www.youtube.com/c/NOCHESBOHEMIASdePURAPOESIA
https://www.spreaker.com/user/8086924

En respuesta al siguiente enlace...
https://www.threads.com/@badabun/post/DVb2AKfgm7N...
Katia N. Barillas · · 0 comentarios Reflexiones
Francamente que eso pasa, cuando se tiene mucho tiempo libre sin saber en qué utilizarlo. También suele suceder, cuando las personas -según los neurólogos- padecen algún tipo de descontrol del sistema nervioso central; lo que, según los especialistas, siguiendo un tratamiento adecuado al pie de la letra, se puede sobrellevar sin problemas y, no los excusa de cometer este tipo de sucesos, tipificados como disparates.

Ese vestigio esquizofrénico, aunado al descontrol enfermizo que, por el vicio de poder de unos cuantos está padeciendo la humanidad -que con poco y nada sumerge a los débiles en el fondo de ese pozo de confusión por desigualdad y falta de conmiseración- hace que estos individuos se refugien en ellos mismos y que "remen en seco" -como solemos decir coloquialmente- para olvidarse un poco de la mezquindad y la miseria humana.

Al ver tanta discordancia en la personalidad de seres pensantes, no sólo me lleva a discernir en el comportamiento inusual propio de quienes asisten a los rituales indígenas que realizan los chamanes del Amazonas, en los que los asistentes, bajo los efectos del consumo de brebajes de "ayahuasca", entran en un tipo de trance por los efectos psicoactivos que esa sustancia produce y que los hace visionar diablos, cerdos voladores, etc. además, de que les altera los estados de conciencia y "consciencia".

Da pesar ver este tipo de comportamiento en gente joven; definitivamente, es una situación que raya en la locura total y absoluta.

Y, quienes aún estamos invictos ante la adicción de ese vicio alucinógeno, hemos de confiar en Dios para que nos libre de formar parte del "club de los descocados".

Gracias por su atención.
www.katianbarillas.com
https://www.spreaker.com/user/8086024
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