Reseña y presentación de mi poema "Nicaragua mía" en la Revista Digital colombiana, "Libertad Poética Femenina" - Volumen #18
Hola a todos. Hoy les presento un autoanálisis de mi poema “Nicaragua mía”, parte integral de “Revelaciones de Vida en Poesía”, la primera antología poética que publiqué en el año 2011, seis años después de haber emigrado a los Estados Unidos de América, mi patria putativa.
Este poema contiene versos que nacen del corazón y regresan a él como un canto, como un puente entre la memoria y la distancia; entre la tierra que me vio nacer y los caminos que me llevaron a tomar las crudas decisiones que me motivaron a emigrar.
En “Nicaragua mía” reconstruyo la patria desde la emoción, evocando sus paisajes, aromas, sonidos y rostros -los que forman parte de la identidad de los nicaragüenses- y también hago un recorrido por Nicaragua como si la llevara conmigo en la palma de la mano; cierro los ojos e imagino sus volcanes majestuosamente erguidos; dibujo en la mente sus cordilleras y comarcas; rememoro sus mares, sus lagos y sus ciudades coloniales; sus dialectos, sus ritmos y su diversidad humana. Cada imagen que presento en este poema es una pieza de un mapa afectivo trazado desde la precisión sensorial y desde la ternura por la tierra donde fui concebida… donde nací y viví treinta y ocho años de mi vida.
Nicaragua mía es un diálogo con la tradición poética de mi hermoso país, especialmente con la sensibilidad modernista que aprendí desde niña cuando conocí, leí, estudié y me involucré de cerca con la obra del nicaragüense más universal, don Rubén Darío; pero, a pesar de la influencia dariana, mi voz es plenamente contemporánea; es una voz migrante que escribe y reclama desde la distancia, pero no desde el olvido. Escribí este poema llena de nostalgia y vacía de lamentos. En él reafirmo mi presencia no mi ausencia, porque siento que no es una pérdida identitaria sino un reencuentro a través de la escritura con el terruño añorado convertido en la figura viva de esa “elegante señora” que, donde voy, me acompaña, me inspira y me sostiene en pie.
Este poema es, en esencia, el más fiel y leal acto de amor hacia el hogar que llevo dentro. Es un recordatorio de que la identidad no se me diluyó al partir, más bien, se fortaleció; porque la patria no es sólo un territorio, sino una emoción que se lleva en la memoria, en la lengua, en la piel y el alma. Que Nicaragua vive en quienes la nombran, la recuerdan y la celebran con amor.
En Nicaragua mía, estimados lectores, les ofrezco un homenaje luminoso a mi país y a su gente -de la que soy parte tangible-. Con este poema los abrazo, los convoco y los invito a mirar hacia adentro para reconocer aquello que nunca dejamos atrás… ¿cómo olvidar de dónde vienes? Creo que ni el alemán Alzheimer podría lograr que se olvidara el eco de la voz de nuestros ancestros devuelto con el viento desde esa tierra que nutrió nuestros sueños e íntimos deseos; y, ese trozo de historia bordado en lo íntimo del ser continuará circulando con los genes palpitantes en esa sangre indígena y mestiza que identifica la raza a la que orgullosamente pertenecemos.
Hoy gratamente les presento “Nicaragua mía” con la certeza de que estos versos los llevarán a darse una idea de cómo es mi adorado país y también tengo la seguridad de que los versos de este poema resonarán en quienes aman a Nicaragua, estén donde estén.
Poema "Nicaragua mía"
©
www.katianbarillas.com
Nicaragua & EE. UU.
¡Pequeño diamante en bruto! ¡Canto al amanecer!
Dime ¿por qué me siento tuya si todavía no es tiempo
de que regrese a vos otra vez?
¡Nicaragua mía! En mi mente siempre estás.
Mi espíritu y mi alma lloran en la espesura de la noche . . .
mi llanto es lluvia desvanecida derramado en otro cielo.
¡Oh, maravilla semi preciosa!
He de morir enamorada de vos . . .
mi último aliento traerá a mi mente
[los paisajes que enamoran . . .
tus ríos, tus volcanes, tus montañas empinadas;
tus mares clandestinos con olas camufladas
en el color albergado en tus cordilleras y comarcas,
en cada ciudad altiva . . . tus sones de atabal.
¡Oh, elegante señora!
Corazón palpitante de América Central.
Una llave no basta para abrir los candados
[de las puertas que cierran tu horizonte de ensueño,
aunque un arcoíris se alce en la Isla de Ometepe,
y se pierdan sus colores sobre las altas montañas,
en los caminos que llevan hacia el relieve de Ocotal.
¡Qué paisaje inolvidable!
La miel café de tus ojos se avizora
[en las flores de sacuanjoche abiertas a la libertad;
el canto de los loros desde los frondosos bosques. . .
tus orígenes, tus cantos, tu tradición, tu cultura,
tus agallas, tu verdad.
Recuerdo mis paseos nocturnos
[por los corredores de mi casa colonial;
el aire que respiraba olía a mangos, a jocotes,
a guayabas, a higos, a icacos y a manjar . . .
la nostalgia de tus lagos Cocibolca y Xolotlán;
la bravura de tus mares . . . La Boquita, Masachapa,
Casares, Paso Caballo;
la belleza de tus puertos. . . Corinto, San Juan del Sur.
Tus ciudades coloniales . . . Granada, La Gran Sultana;
León, altivo y querido, cuna de nuestro Darío.
Las flores almacenadas al compás de las marimbas
[de la ciudad de las flores, Masaya,
cuna de algarabía cultural.
Desde Ticuantepe, hasta las montañas de tu Boaco;
la elegante Matagalpa, Perla del Septentrión;
y no hablemos de Managua, tu valiente capital.
Tus hijos son garzas verdes, con alas de gaviotas,
en busca de conquistas y de oportunidad;
quisieran ser cenzontles y poder dormitar
[entre Dipilto y Jalapa; Corn Island o Río San Juan;
desean darse una vuelta de camino al horizonte
[en donde los rayos del sol han de calentar más.
Papagayos y chocoyos; ardillas y conejos;
las mariposas monarcas posadas sobre las flores;
los tantos sauces llorones sonriéndole van al viento
y, a las aguas que rodean,
los paisajes taciturnos y boreales
-que solamente tiene los atardeceres
del archipiélago de Solentiname-
inspiración de poetas, de escritores y pintores,
en donde Marina Ortega denota en sus pinceladas,
tanta belleza ancestral.
De Bluefields,
su ritmo folclórico y su inglés londinense;
su riqueza, sus dialectos: sumo, rama y misquito;
sus mulatos, sus mestizos, sus castizos, sus morenos. . .
todo es una gran mina y hacen de vos una joya
[de inigualable valor.
Y aunque lejos esté de vos, ¡Oh, Nicaragua mía!,
para mí siempre serás mi tierra bella y eterna,
en la que abrí los ojos por primera vez al mundo,
en donde dejé mi ombligo. . . el orgullo de Rubén.
Enlace:
https://youtu.be/tasn-gTjkFU
©Katia N. Barillas
www.katianbarillas.com
https://www.youtube.com/c/NOCHESBOHEMIASdePURAPOESÍA
https://www.spreaker.com/user/8086024