¡Te amo! - te confesé y dijiste: ¡no!
tu ser no era la misma, sino otra,
comprendo: fui una moneda sin valor;
tales rechazos emitieron heridas con costras
y aunque sea todavía temprano
¡siento que estoy muriendo de amor!.
Ahora que se fue al fin del mundo,
el cuerpo tiembla ansioso por la catarsis
y la epilepsia nerviosa por el rescoldo;
a ese mermado dolor viene la necrosis...
y ¿por qué me tiene meditabundo?
¿será el Génesis de mi peor caída?.
¿Es acaso un feroz cazador?
¿esa sombra qué nos hace morir por amor?