Cansado ya de releer ese libro
titulado "poemas para un corazón enamorado",
le dejé en el piso del asentamiento
con el fin de entender los sentimientos.
Pasó un policía serio y no lo vio,
pasó una ama de casa y ni lo leyó,
pasó un barbudo y hasta un lampiño,
todos lo ignoraron; hasta un niño.
Y el libro seguía sin dueño;
versos funestos, matizados y bellos
esas páginas ¿quién las leería?
esas hojas musicales escritas en melancolía.
El libro seguía tirado en el suelo,
constituida con inspiración de mil poetas;
poemas que dicen más que un simple te quiero
palabras de una flor esporádica en maceta.
Un libro "poemas para un ser enamorado"
no conoció dueño por media hora
y si no se llevase alguien hubiese terminado mojado
por las lágrimas de este clima que llora.
¡Oh! lo vio una tierna niña
campante señorita, cimiente risueña;
ese libro ya no es mio, es de ella;
le pertenece el viejo libro de poemas.