El ocaso despunta entre las sombras
—tímido embrujo que subyuga el alma—
cuando Selene irrumpe en el paisaje
y redobla el crepúsculo en sus ojos.
Luego la noche corre sus cerrojos
mostrándonos el luto de su traje
herido, apenas, por la hurí que ensalma
la urdimbre de las rústicas alfombras.
Rosa salvaje, Náyade del cielo,
seduces marineros y poetas,
yo le rindo tributo a tus encantos
y tú recibes homenajes tantos
que mis pobres vocablos son saetas
rotas, tratando de alcanzar tu vuelo.
11 de abril, 2016
Un abrazo muy grande con toda mi admiración Ligia, bendiciones, salud y todo el amor que te mereces.
Isabel.