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Celosa estoy de los confines, reina,
que ostentan hoy tu luz y tu presencia
y en este instante de sopor y luto
tu rostro angelical me reconforta.
Fuiste el milagro que tocó mi vida
con tanto amor ungiste mis heridas
que el llanto mío baja sin apuros,
mi verso es tuyo en esta triste hora.
Ay mi viejita de cabellos blancos
tiene tu faz la juventud eterna
y yo la dicha de la paz que llega
desde tu rostro a mis vacías manos
cuando tu ancianidad se regocija
con la postrer morada, cara mía.
Junio 13, 2016
desde el sentimiento más sincero elevas a tu ser querido
a la altura de tus recuerdos y de tu amor por ella,
te felicito por este bellísimo poema y lamento mucho tu pérdida,
un abrazo con mi cariño,
Eduardo