Anclado en esta ciudad,
sin ver tus ojos.
A veces mando palomas,
a buscarte en los árboles
donde solías esconderte.
Anclado en este lugar,
sin ver tu cara.
A veces mando gorriones
a buscarte en las calles
donde solías perderte.
Anclado en este sitio,
sin ver tu pelo
y tu cuerpo.
A veces mando gaviotas
a buscarte en los barcos
que se marean en el Paraná,
donde solías dejar grabada tu sonrisa.