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Balada estelar de dos almas cósmicas. Arkeidos/Spring
Entrada de blog en MundoPoesía — poesía, reflexiones y prosa libre de nuestra comunidad literaria.
Balada estelar de dos almas cósmicas. Arkeidos/Spring
Caballero de alma blanca que te dejas por la oscuridad absorber, viste de brillos tu negra estrella en tan solo una madrugada primaveral, vente conmigo a danzar, ponte mis alas de sueños y como polvo de enamorada nostalgia flota con tus añejas aromas que en la inmensidad del amor no hay fin en su expansión y puede que en tules cristalinos esta mariposa brinde contigo en su honor. Déjame viajar en tus misterios, la primavera en las sombras conocer, sé que por instantes sentiré temor, cierta inseguridad de la oscuridad, mas tu verbo me sienta ascendido aun en su sed de luz, viajaré de tu mano, silente, en el enigma de tu universo ¡curiosa! hasta que quieras escuchar mi melodía y solo entonces danzaré ante tus ojos cual mística libélula despeinando tus primaverales colores, porque quisiera recojas tu corazón arrojado a los abismos, besaras las flores por todos sus motivos, y aunque sea en la víspera del fin de lo eterno degustes la fruta cósmica emblemática de la que hablas.
¡Oh larga tormenta estelar! calla y déjame escuchar, detén el estrépito de las estrellas que giran violentas y tristes. ¡Oh silencio de los misterios! detona en brisa y cantos de serenidad, despeja el estruendoso bullicio del caos, déjame escuchar la dádiva divina que se extiende como un rumor poblado de bonanza. Es una voz que se prolonga a través del espacio tiempo, viene a mí como un rayo cubierto de soles y auroras. ¡Que voz tan dulce, elocuente! brillan palabras santas, mostrado el perfil de un poema en espiral. Es un arca de bondades, es un trono de sueños generosos. Me hablas de una luz que ya no amanece en los milenios de mi atónita templanza, aquellos robles de mi alma lánguida. Yo que soy dueño de los temblores y los sollozos más profundos. Me aconsejas buscar junto a ti, mi corazón de piedra que yace en el fuego intenso de un abismo. Dama de fuego elegante, mira que he despertado a tu dulce y vivificante voz. Niña de magia, alma de mar esmeralda, has encontrado mi refugio, en las hondas figuras del cosmos, donde nadie sabe de mí, y tú ya eres parte de todo, alma de mi alma, celeste fulgor que desplazas todo temor vestido de bruma. Ángel de la primavera, abundante y gloriosa. Ven, demos el salto fugaz hacia el infinito, dancemos con la sinfonía de todas las luminarias celestes, y busquemos juntos, con manos entrelazadas y fraternas, aquella fruta esencia de luz, privilegio de los poetas inmortales que trascenderán todos los tiempos.
Tengo la sublime intuición de que en este turismo sideral mutaremos tu reloj, Señor del tiempo, hablaré tu dialecto, Rey del silencio, apelo a la venia del vigor primaveral para insuflar los líquidos simientes a la hulla de tu corazón , ya que has despabilado de tu letargo, me iré en la mixtura de nuestras alegorías y que ardan los pebeteros en este cósmico encuentro, volveremos en el derroche de una inolvidable navidad que bajo manantial diamantino de los pinos colgarán sus celofanes en aquella creación fulgurante en la opacidad cósmica, resonarán arpegias de violines, también campanitas de victoria, las que susurran a oídos sordos cuando la guerra silenciosa halla paz ¡Vengan Ángeles Infantes! Entonen su coro, musiten ¡hay ceremonia! En la majestuosidad de los reinos luminosos, tuta de ojos hay que ven y miran al amor aunque a veces se les esconda. Quebraré mis miedos al ser uno en esencia divina, andemos céntricos, tenaces para trascender los moldes de estos versos con nuestras almas descalzas, del halo de la luna bebamos su fulgor, todo sea en honor del amor que desde los primaverales sueños ilusorios cual tabernáculo sagrado encuentra su hostia para impulsar las huella de la historia de nuestras fragantes esencias. En tu sima te he topado respetando tu taciturnidad, elevémonos, si naces de madrugada, desplegaré a tus pies alfombras de luceros brillantitos ellos, es solo una ofrenda para motivarte, ante tus pedazos yaciendo en la pradera gris fundaré un jardín de flores neón, soltaré trigo, nacarinas mariposas e índigos pájaros mecidos en serpentines de algas verde olivo y oro haciendo rito a tus sigilo. Espero aunque tímido verte sonreír en el sosiego esperanzador de tu corazón en reposo, me inventaré una sinfonía de azucenas, como cisnes vulnerables bailaremos en el segundo final de este tiempo que no es nuestro, somos enigma, esencia de hueso somos, en la balada espacio tiempo.
Se extiende este viaje tatuado de maravillas.Impulsados por la llama de la curiosidad, abrimos los rostros de los abismos arremolinados, visualizando en sus vientres aquellos espejos del futuro, y miramos incrédulos una ciudad futura de ángeles humanos, arropados con el espíritu de la benevolencia y la justicia. Más allá escuchamos el palpitar de una estrella naciente. Asombrados, como niños ingenuos, tolerantes de las cosas mágicas y aterradoras, como los estallidos de un coloso gris, cernido de amargura, tormenta y tempestad, que muere lentamente a causa de la espada de un ángel de fuego celeste. Ha sido cargada de la esperanza de todas las oraciones de los que tienen fe. Los ángeles explotan en júbilo porque han vencido a un gigante, un adversario del alma humana, el tremendo gigante de la tristeza y la soledad. Y son estos ángeles quienes presurosos recogen los pequeños luceros que inquietan la negrura. Son las plegarias humanas, cada una con la fuerza de cambiarlo todo. Pronto las colocan en una galaxia de estrellas que es mar de tupidas y preciosas figuras luminosas, unas más resplandecientes y altas que otras, pero todas brillan penetrando el infinito. Este viaje nunca terminará, aunque nuestros cuerpos piden el retorno de su esencia espiritual, para vivir un nuevo amanecer en la realidad humana. Te dejo firme, integra, con una nueva luz que te corona flamante, sonriente, cuyo rostro divino, reflejara siempre un océano de diamantes, y tus ojos serán ojos de todos mis caminos, y tu alma sublime cual paisaje de arcoíris, gama de emociones traslucidas, será mi guía en la oscuridad. Tu corazón será la tinta imperecedera que de vida a mi alma gris. Retornemos pues, total, siempre estará el universo. Nosotros en el, como inmortales estrellas, como poetas, siluetas de lumbre y escarcha.