DESVELOS
Plañían las campanas del desvelo
con un timbre metálico de muerte
la hora incierta, el cuerpo como inerte,
la vigilia a sus anchas sin consuelo.
La mente descorrió un tupido velo
y me halló en el vacío de quererte.
Fue el vértigo sentir pero no verte,
la noche un mal de altura en pleno vuelo.
Me vi como un rehén entre dos luces,
sin rescate, ni proa, ni cubierta,
presto de nuevo a dársela de bruces.
La suerte, como siempre, siguió incierta
jugándosela a cara, cuerpo y cruces
en medio de cualquier noche desierta.
la noche un mal de altura en pleno vuelo.
No, si ya te lo decía yo.
Luego, más. Supongo.
Hasta luego pues.