Muchas veces
las emociones pueden ser tempestuosas
y el viento provoca las olas, corrientes,
donde no puedes ver el suelo.
Recién cuando uno se atreve
mirar sus emociones y reconocerlas,
el viento amaina
y el agua se aclara. Entonces
hay visibilidad y puedes admirar
la belleza en las profundidades
del mar.