La espalda hierve en el sôlido
torrente que retumba.
En el desfile vamos detràs de los carros de acero
forzando el encierro.
Cuando apaguen las ganas de asesinarse,
cuando enmudezcan viendo los cuerpos destruìdos,
cuando tuerzan su vigor destructivo
y las venas se agiten en cada combate,
desde las bocas tronantes zozobraran las sombras quietas.